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Cancel culture: ¿es necesario ofenderse por todo?

por Rocio Diaz
Cancelled

A ver, ¿cuándo fue que como sociedad nos volvimos tan sensibles?

Estamos viviendo una época única en lo que respecta a celebrar la individualidad y ofrecer medios de expresión a gente que años atrás no hubiese tenido ninguna oportunidad para ello.

Podemos dar las gracias de esa democratización a la Internet y a las redes sociales, plataformas que, justamente, celebran eso que nos hace únicos a nivel personal, siendo esta cualidad la clave detrás de los verdaderos influencers que han nacido en estos medios.

El problema es que, como todo en la vida, con el paso del tiempo este experimento social de las redes y los influencers se ha desviado, siendo ahora mismo una burda caricatura de lo que alguna vez se aspiró a lograr con estas plataformas.

Efectivamente, a través de Instagram, Twitter, Facebook, YouTube y demás, la gente tiene el derecho y la libertad de decir lo quiera, compartir lo que quiera y promover lo que quiera, y aquí es donde yace el problema.

En algún punto de este ejercicio liberador y democratizador nos hemos vuelto un tanto ñoños. Precisamente porque podemos expresar lo que queramos, de repente hemos puesto trabas sobre aquellas cosas que entendemos nos ofenden o nos hace daño.

El resultado es un fenómeno que recibe muchos nombres. Desde snowflakes hasta offendenials, al final del día la situación es que estamos viviendo en una sociedad tan frágil como el más fino de los cristales. Todo, absolutamente todo, es motivo de ofensa o queja por parte de un grupo que se ha tomado el tema muy en serio.

Religión, política, etnia, color de piel, estructura corporal, idioma, preferencias sexuales y hasta gustos musicales son terreno inestable a la hora de hacer un comentario en redes sociales, sin importar que tan inocuo sea el planteamiento.

Un paso en falso, y fácil que se nos aplica la “cancel culture” que hace rato está acabando con el pensamiento lógico y crítico, tan escaso estos días no solo en ese entorno de redes sociales, sino a nivel general, porque estas redes lo traspasan todo.

Quizás el chiste más grande es que esta “cancel culture” es muy antojadiza a la hora de actuar, pues suele favorecer a quienes no debe favorecer: minorías que buscan imponerse a base de lloriqueos y falsas acusaciones.

¿Lo peor de todo? Esta táctica tan cuestionable DA RESULTADOS. Las grandes mayorías, aquellas que son acusadas de “convencionales” y “tradicionales” entre otros épitetos menos indulgentes, están a merced de esas minorías ñoñas que solo piensan en cómo llamar la atención.

¿Cuándo reaccionaremos ante este experimento tan monstruoso? El tiempo pasa, y el fenómeno tan solo crece. Algo hay que hacer, ya.