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Ciudades inteligentes: ¿podemos aprender de los tapones?

por Rocio Diaz

Manejar en Santo Domingo se hace cada día más difícil, según dejan entrever los testimonios de ciudadanos que se desahogan por Twitter y otras redes, siendo la queja más común que ya no hay días u horas específicas para los odiosos tapones.

Aunque parezca una exageración, la triste realidad es que ya no es raro encontrar un tapón a las 9 de la noche de un día cualquiera, y eso incluye los domingos, hasta hace poco el día más suave en asuntos de tráfico.

¿Qué ha pasado? A nivel general los tapones han ido en aumento en respuesta a un crecimiento poblacional que es cada vez más acelerado y también a mejores condiciones económicas en países “emergentes” como China e India. En el caso local, los tapones son una mezcla de falta de autoridad, conductores imprudentes y fallos a nivel estructural que van desde semáforos apagados hasta vías en mal estado. El hecho de que año tras año varios bancos celebran ferias de vehículos no ayuda.

Además de irritar a los conductores e incidir negativamente sobre la productividad colectiva, los tapones provocan contaminación ambiental e importantes gastos en combustibles. Lo peor de todo, sin duda, es la pérdida de tiempo que representan.

Tapones como este son comunes en Santo Domungo (Foto: El Dinero)

Tapones como este son comunes en Santo Domingo (Foto: El Dinero)

En una ciudad o país donde no hay cultura de transporte masivo, donde además hay una clara tendencia hacia el consumismo y donde el caos parece ser la norma más que la excepción, se hace necesario aprovechar el fenómeno de los tapones para comprender la situación y emprender programas piloto que podrían ayudar a descongestionar el flujo vehicular y a restablecer un orden que gradualmente se ha ido perdiendo.

Con carros parqueados a cada lado en calles estrechas, choferes de concho que se paran en cualquier sitio sin avisar, operativos iniciados sin previo aviso y uso indebido de las vías por parte de conductores, ni siquiera herramientas de tránsito como Waze sirven de mucho, pues a lo sumo presentan el panorama que ya conocemos, sin posibilidad de que nos ofrezca rutas alternativas porque todas están llenas. Sin embargo, no todo está perdido.

Resulta que a los tapones se les puede sacar cierto provecho estratégico, siempre y cuando se tenga data abundante y en tiempo real a la mano, con el análisis correspondiente, y a eso apuesta Waze con su Programa de Ciudadanos Conectados. El objetivo es ayudar al establecimiento de ciudades inteligentes ofreciendo un puente de comunicación entre gobiernos y ciudadanos.

Cualquiera que use Waze sabe que la herramienta es ideal para reportar situaciones en tiempo real y para conocer de antemano la situación a nivel de tráfico. Por el lado gubernamental el acceso a esa data es sumamente valioso para fines de análisis y estadísticas, lo que a su vez abre las puertas a la búsqueda de soluciones prácticas y oportunas.

¿Funcionaría un enfoque como este? Actualmente el Programa de Ciudadanos Conectados de Waze funciona en ciudades como Río de Janeiro, Los Angeles y México D.F., donde los tapones son algo legendario. Se trata una iniciativa aún muy reciente, pero es un paso de avance conectar a usuarios de las vías con las autoridades responsables para fines de colaboración tiempo real. Con la situación actual de tránsito a nivel local no estaría de más echar un vistazo a este programa y analizar los posibles beneficios de formar parte de él.