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El comportamiento en Facebook

por Rocio Diaz

Mucha gente tiene una relación amor-odio con Facebook. Por un lado, sirve para ponerse al día con las amistades, siempre y cuando estas aporten algún tipo de información. Por el otro, odian la idea de que la red social esté rastreando sus movimientos y sacando provecho a cualquier información provista.

Cuando hace unos meses Facebook anunció cambios, entre ellos el Timeline, hubo gente que se horrorizó ante la idea porque esta nueva forma de presentar el perfil viene a ser una especie de mini biografía del usuario, con actividades, fotos y comentarios mostrados en orden cronológico. Como si ya no fuera suficiente con toda la información que se la ha introducido a través de los años, el Timeline sugiere incluso aportar alguna foto de la niñez para completar el perfil.

La verdad que cuando leo acerca de las quejas respecto a los cambios en Facebook, el nivel de privacidad, la propaganda generada y demás situaciones que derivan de tener presencia en esa red social me pregunto si realmente la gente es tan ingenua como parece. O sea, en Facebook aparece lo que cada usuario decide publicar. En ningún momento se ha obligado a nadie a aportar datos, fotos u opiniones, de la misma forma que tampoco se ha forzado a los usuarios a dar clic sobre “like”, a participar en los juegos o a informar sobre sus próximos eventos. Todas estas cosas ocurren libremente, y se supone que cada persona debe ser responsable de lo que hace y publica.

Por mucho que se advierte del peligro de estar publicando todo por esa vía, la gente no entiende, y no se trata este de un fenómeno único de Facebook. En Twitter pasa lo mismo: gente que no discierne y que informa de absolutamente todo lo que hace, de paso proveyendo información valiosa a ladrones y acosadores.

Precisamente porque la gente no se mide a la hora de dar detalles de su vida privada, ya sea para fines de hacer alarde o por seguir la moda, es que Facebook se ha convertido en punto de referencia para oficinas de reclutamiento de personal, y se teme que ahora los bancos lo usen para analizar las amistades de potenciales clientes y tomar decisiones en torno a rechazar o aprobar préstamos y otras solicitudes de servicios.

Hay que recordar que el figureo sin límites ha dado pie a situaciones lamentables de acoso, persecución y pederastia, situaciones que han llegado hasta las noticias y que en ocasiones tienen desenlaces fatales. En Reino Unido se han dado casos de personas que anuncian públicamente un evento, y al mismo llegan cientos de personas desconocidas por el anfitrión cuya única intención es generar caos. Situaciones más delicadas y potencialmente peligrosas han derivado de cambios efectuados en la información de estatus marital, mientras que por la indiscreción en fotos y comentarios se han hecho varios arrestos, uno de ellos incluso a nivel local.

Todo este comentario viene por la posible ilegalidad del botón de “Like” en Facebook y que deriva de una demanda interpuesta por un grupo de consumidores que alega desconocer las implicaciones de informar por esa vía que algo les gusta. En lo que parece un despliegue de ignorancia intencional, el grupo dice desconocer que el mero hecho de marcar algo como “like” se asume como una opinión favorable hacia ese producto y como una especie de patrocinio. Estados Unidos tiene fama de ser un país donde cualquier demanda prospera con facilidad, siempre y cuando esté bien argumentada. El caso de “like” parece justamente eso.