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OhRoma promete una experiencia sensorial completa en realidad virtual

por Rocio Diaz
OhRoma

Poco a poco la realidad virtual va resultando atractiva en escenarios donde usualmente no nos encontraríamos: viajando a lugares que quizás sean de difícil acceso, experiencias culinarias fuera de lo común y mundos fantásticos creados con ayuda de las más avanzadas tecnologías visuales y gráficas.

En cada uno de estos escenarios, con ayuda de buenos equipos, sensores y sonidos ambiente, entre otras condiciones, la realidad virtual hace su trabajo de engañar al cerebro momentáneamente al crear una experiencia inmersiva donde lo único que falta para completar la sensación de realidad son los olores, pero hasta esto va camino a resolverse con ayuda de gadgets tan curiosos como OhRoma, aún cuando su uso primario vaya dirigido a una parte de la realidad virtual que pocos admiten usar o disfrutar pero que tiene numerosos seguidores: pornografía.

Contrario a lo que pudiera pensarse, la idea de agregar olores a este tipo de experiencias visuales no es reciente. En el cine, por ejemplo, trató de implementarse un complejo sistema de olores llamado Smell-O-Vision en la década de 1960, el cual nunca arrancó del todo pese a haberse presentado inicialmente 20 años antes. Más recientemente se han visto conceptos de pantallas olfativas y accesorios para una comunicación olorosa a través del smartphone.

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¿Funcionará la idea de OhRoma? El concepto es lógico: realzar una experiencia que miles (o millones, aunque la mayoría lo niegue) disfrutan en secreto, y a veces no tan en secreto. Potencialmente el mismo principio puede aplicarse a experiencias de realidad virtual más estándar, como de hecho ya posiblemente haya ocurrido de manera un tanto más rústica. El problema de OhRoma, al menos por ahora, es que la ejecución de la idea es risible y no es del todo cómoda, pues el aditamento parece una máscara de gas.

Para hacer su trabajo, OhRoma emplea tres cartuchos de olores, los cuales son seleccionados y controlados a nivel de intensidad y tiempo por el usuario. Se puede elegir de entre una colección de 30 olores que van de lo ambiental a lo específico. Los olores son calentados antes de ser liberados de la máscara, la cual se aparea al smartphone por vía de Bluetooth.

OhRoma, desarrollado por CamSoda, que se dedica a estas cuestiones de pornografía, cuesta 70 dólares y cada cartucho de olores se vende en 10 dólares. Dada la naturaleza del producto, pocos quizás se atrevan a admitir su disposición de comprarlo o probarlo, pero esto da la idea de que será cuestión de tiempo antes que aparezcan otras opciones “aromáticas” para complementar una experiencia de realidad virtual que todavía resulta un tanto incómoda por los equipos que deben usarse.