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¿Podremos deshacernos de las cajas de cable algún día?

por Rocio Diaz
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¿Te imaginas ver televisión por cable o parábola sin necesidad de comprar o alquilar una caja que en la mayoría de los casos se convierte en un estorbo? Lo que parece un sueño puede que pronto se haga realidad en Estados Unidos, donde la controversia al respecto no se ha hecho esperar.

Un rápido vistazo a la situación, al menos desde el punto de vista del cliente, permite observar que hay cierto monopolio o control en lo que respecta a acceso a contenidos televisivos. No es solo que la consabida caja es vital para poder disfrutar del servicio, sino que de manera antojadiza se hacen cambios -generalmente para peor- y cuando el servicio falla la respuesta suele ser bastante lenta.

Las compañías de televisión por cable se parecen bastante a las telefónicas en el sentido de que buscan retener al cliente con contratos que solo a ellos favorecen y con el pésimo servicio que ofrecen cuando se presentan problemas. Peor aún, los usuarios de estos servicios están sujetos a la programación que los responsables de canales y estaciones de difusión les de la gana de ofrecer, muchas veces en horarios que no se ajustan a sus necesidades y con anuncios que a veces sobrepasan en duración al contenido real.

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Este es el Smart Box de Tricom. Pese su “inteligencia” las quejas de clientes han sido numerosas (revistamidinero.com.do)

La situación descrita más arriba, que no es exclusiva de Estados Unidos, explica por qué cada cierto tiempo aparecen propuestas que buscan pasar por encima a toda esa burocracia, aunque luego se pague caro, como le pasó a Aereo. Google, que es visto como una amenaza por el sector de televisión por cable y servicios afines desde que se estrenó con Fiber, se cuenta entre las compañías que consideran la experiencia puede ser mucho más libre para beneficio de usuarios y hasta de creadores.

Desde un punto de vista de tecnologías 2.0 y 3.0, la forma actual de disfrutar de la televisión por cable es arcaica y tiende hacia la exclusión, siendo este un posible motivo por el que contenidos online vienen rápidamente desplazando a sus contrapartes más tradicionales.

El hecho de que los televisores tienden a ser cada vez más inteligentes, con una tasa de adopción que va en crecimiento a nivel general, no ayuda a la causa de mantener el modelo actual de acceso por caja. Después de todo, con equipos como Chromecast o ATV de MyGica, se tiene acceso a todo un mundo de contenidos que puede personalizarse según los antojos y necesidades del usuario.

En enero de este año la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos propuso echar a un lado las odiosas cajas. Una decisión de este tipo, si fuera a aprobarse, liberaría a clientes de televisión por cable de la obligación de alquilar esos equipos y hacer el pago mensual correspondiente.

Como se requiere de algún puente de acceso a estos contenidos -sean online, satelitales o por cable- la propuesta de la FCC contempla que los usuarios tengan la libertad de elegir el equipo de su preferencia, que sería fabricado por terceros. Google, lo mismo que Amazon y Apple, figura de manera prominente como una posible opción, al punto de que en algunos círculos se conoce a esta idea como “la propuesta Google”.

¿Es realmente Google el enemigo en este caso? El estigma viene porque la compañía ha hecho demostraciones de interfaces abiertas a la FCC y una de esas coincidió con el anuncio de la propuesta. Como todo el mundo hace lobby con sus intereses no se puede dudar que haya habido motivación desde ese lado, pero una cosa es segura: a nivel general los clientes de televisión por cable están cansados de esas cajas y de las restricciones y “normas” que imponen los proveedores del servicio. Ocurre aquí, en Estados Unidos y cualquier otro lado.

La propuesta de Google, si realmente salió de ahí, va en línea con la tendencia democratizadora que se ve en negocios “a la carta” propios de la era digital, donde Uber es quizás el mejor ejemplo.

La reacción de los proveedores de televisión por cable en Estados Unidos es la misma que han tenido taxistas en aquellos lugares donde Uber se ha instalado y no es más que un reflejo de resistencia al cambio que viene con la evolución natural de las cosas. Sería interesante ver como evoluciona el tema, pues ya se sabe que cuando Estados Unidos adopta un modelo es cuestión de tiempo antes de que otros países -de la región sobre todo- le sigan los pasos.