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Relojes inteligentes como aliados de la salud preventiva

por Rocio Diaz
kardiaband

Aun cuando la presencia de relojes inteligentes ha sido prácticamente nula en lo que va del año, una cosa es segura: esta categoría de producto, lejos de desaparecer como se ha pronosticado en más de una ocasión, está en un proceso de evolución cada vez más marcado con el objetivo de convertirse en un aliado de la salud preventiva.

Se trata de un enfoque en el que cada vez más compañías participan, tanto del lado de los fabricantes primarios como Apple como de terceros que ven en los relojes inteligentes un potencial para sacar provecho a estadísticas médicas acumuladas de años y hacer un uso práctico de estudios cuya difusión a veces no pasa de la comunidad científica por falta de interés o de suficiente público.



Esta evolución en relojes inteligentes está a su vez apoyada en dos elementos cruciales: sensores que son cada vez más sofisticados y avances en inteligencia artificial que ofrecen la posibilidad de diagnósticos intuitivos en base al historial del usuario.

Apple, que ofrece una plataforma de desarrollo enfocada exclusivamente a la salud, es una de las compañías que viene impulsando esta visión al entablar relaciones con reconocidos centros médicos y ofrecer un entorno que permite aprovechar todos los sensores y tecnología incluida en sus relojes inteligentes para asistir en la eventual detección temprana de enfermedades tan comunes como diabetes y otras menos comunes como sarcoidosis.

Los beneficios de esta visión a nivel de relojes inteligentes resultan más que obvios cuando recordamos que a la mayoría de la gente no le gusta ir al médico, ya sea por temor, falta de tiempo o simple desinterés. La idea de que a través de indicadores como niveles de azúcar, ritmo cardíaco o potasio podamos tener una idea general de nuestro estado de salud, con alertas temprana en caso de irregularidades, facilita el manejo de la salud a más de un nivel.

Si bien los relojes inteligentes son aún muy limitados en lo que pueden medir, hay indicios de avances serios. En noviembre pasado, por ejemplo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) aprobó el primer accesorio médico compatible con Apple Watch.

Este accesorio, llamado KardiaBand, es esencialmente una banda que sustituye a la del Apple Watch para así para efectuar un electrocardiograma preciso con tan solo colocar el pulgar en el sensor de lugar. Es un proceso simple que apenas toma 30 segundos y que puede efectuarse en cualquier lugar. En base a los resultados y el historial se pueden detectar problemas como fibrilación atrial, una condición que requiere ya de evaluación médica para fines de tratamiento.

Como muchos dispositivos de estos tiempos, KardiaBand está desarrollado con inteligencia artificial, y este es un elemento crucial es una posible extensión de su uso como detector de exceso de potasio en la sangre. La evidencia médica sugiere que exceso de potasio, conocido como hipercalemia, resulta en un patrón específico que se refleja en un electrocardiograma.

A través de un algoritmo trabajado conjuntamente con Mayo Clinic en base a extensa data suministrada por este centro médico se ha determinado un nivel de precisión de 94% en la detección de hipercalemia con KardiaBand, un resultado impresionante y útil considerando que un exceso de potasio es síntoma de varias enfermedades, entre ellas diabetes y enfermedad renal crónica.

KardiaBand vale 199 dólares y funciona conjuntamente con una aplicación. Su fabricante, AliveCor, ofrece un wearable individual para electrocardiogramas –KardiaMobile– que es compatible con iOS y Android, prueba de que los wearables en general van en esta dirección de la salud preventiva.

Lejos de sustituir a los médicos, estas propuestas buscan ser un complemento y hasta trabajar conjuntamente con ellos a través de conectividad y la nube. Los beneficios a nivel de comodidad, sobre todo para el paciente, están a la vista.