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Streaming

El streaming como nuevo blanco del fraude digital

El crecimiento sostenido de las plataformas de streaming no solo ha redefinido la forma en que se consume contenido audiovisual, también ha ampliado de manera significativa la superficie de ataque para el fraude digital.

Las cifras ayudan a entender el contexto: de acuerdo con estimaciones de Digital TV Research, en el mundo existen alrededor de 1,850 millones de suscripciones a servicios de streaming, con proyecciones que apuntan a superar los 2,000 millones hacia finales de 2026. A nivel regional, reportes de DataReportal y The CIU indican que cerca del 22 por ciento de la población en Colombia accede directamente a plataformas como Netflix, HBO Max, Disney Plus, Apple TV o Prime Video.

Ese volumen masivo de usuarios convierte al streaming en un terreno fértil para la ingeniería social. Según los análisis de inteligencia de amenazas de Fortinet, los ciberdelincuentes han refinado sus técnicas de suplantación de identidad hasta niveles que dificultan distinguir un mensaje legítimo de uno fraudulento. Correos electrónicos y mensajes de texto replican con precisión la estética, el lenguaje y los flujos de comunicación de las plataformas, apelando a la urgencia como detonante principal: supuestos errores de facturación, alertas de suspensión de cuenta o promociones que prometen beneficios inmediatos.

Arturo Torres, director de Inteligencia contra Amenazas para FortiGuard Labs de Fortinet en Latinoamérica y el Caribe, advierte que este tipo de mensajes busca deliberadamente generar presión y reducir el margen de verificación del usuario. El objetivo es simple: provocar una reacción impulsiva que lleve a hacer clic en enlaces que redirigen a sitios falsos, diseñados como copias casi exactas de las páginas oficiales, donde se capturan credenciales de acceso y datos financieros.

Una vez la información es entregada, el impacto va mucho más allá del control de una cuenta de streaming. Fortinet señala que estos accesos suelen convertirse en la puerta de entrada a fraudes más complejos, robo de identidad y ataques de mayor alcance. La situación se agrava con el uso de inteligencia artificial, que permite personalizar mensajes, evadir filtros de seguridad tradicionales y sincronizar campañas de phishing con estrenos o lanzamientos altamente esperados, aumentando la tasa de éxito del engaño.

El problema no se limita al ámbito personal. Cuando los usuarios acceden a servicios de streaming desde dispositivos corporativos o redes empresariales, el riesgo se traslada al entorno organizacional. Una credencial comprometida puede abrir brechas que expongan información sensible del negocio, demostrando que la seguridad digital no es únicamente una cuestión individual, sino estructural.

Desde esta perspectiva, la protección de los datos personales no depende solo de soluciones tecnológicas avanzadas, sino de una cultura de verificación constante. Desconfiar de la urgencia, validar siempre la fuente, evitar enlaces directos y entender que ninguna empresa legítima solicita credenciales o datos bancarios por estos canales sigue siendo una de las defensas más efectivas frente a un ecosistema de amenazas cada vez más sofisticado.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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