En las últimas semanas se han visto dos fenómenos que apuntan a una incipiente vertiente social en lo que respecta a la inteligencia artificial y nuestra relación con esta tecnología: Moltbook, una red social exclusivamente para agentes de IA, y un café pop-up en Nueva York para sacar a pasear a nuestro compañero de IA en una cita romántica.
¿Coincidencia, o serán ambos eventos parte de un plan más amplio que busca desarrollar una narrativa que lleve a la confusión colectiva respecto a la IA y el sitial que como humanos ocupamos en su entorno?
Responder la pregunta no es tan fácil, sobre todo cuando constantemente estamos bombardeados por titulares e historias que sugieren no solo una IA en vías de salirse control, sino dispuesta a superar a sus amos y creadores (o sea, nosotros, los humanos) con miras a declarar un dominio absoluto sobre el mundo.
Ejemplos hay de sobra: herramientas de IA que ignoran las órdenes de su humano y hacen lo que les venga en ganas, agentes de IA que parecen rebelarse de la nada, supuestas conspiraciones emanadas de estos recursos, declaraciones provocadoras en sesiones corrientes de consulta o interacción con humanos. Si a esto sumamos que hay un aparente éxodo de especialistas en la industria, algunos de los cuales han ofrecido declaraciones un tanto espeluznantes y cargadas de miedo, es fácil concluir que el escenario actual dista mucho de ser una inocente coincidencia.
¿Será que el plan es erradicar a la humanidad de una vez por todas por vía de la IA y tecnologías afines? La pregunta parece sacada de algún foro conspiranoico, pero lo cierto es que hace años se viene jugando un jueguito peligroso en el que se pone a la humanidad en aparente posición de pelea contra ese gigante formidable que conocemos como tecnología y que hoy aparenta estar representado únicamente por la inteligencia artificial.
Lo primero a tomar en cuenta es que la inteligencia artificial es la suma de muchas otras tecnologías que se vienen desarrollando desde hace décadas: automatización, machine learning, visión por computadora, redes neuronales, reconocimiento facial, algoritmos y un largo etcétera. A su vez, estas tecnologías, incluyendo la hoy dominante IA, intersecan con conceptos como realidad aumentada, realidad mixta, metaverso, realidad virtual, robótica y autonomía.
No sería la primera vez que la industria trata de imponer sus inventos sobre una humanidad que está tan deslumbrada que se pierde, aun sea momentáneamente, en una narrativa superficial pero compleja que suele ser adornada con visos de futurismo e inevitabilidad para atrapar a las masas.
La lectura más lógica de lo que está pasando con la IA a nivel social es sencilla: tanto Moltbook como el café pop-up para citas con la IA de nuestra vida son un intento por controlar la narrativa e inducirnos a una crisis de identidad que allanaría el camino hacia esos planes ulteriores que obedecen, presumiblemente, a una inversión de roles entre humanidad y tecnología. Ya se ha intentado hacer antes, pero la humanidad eventualmente reacciona y no se llega al punto de no retorno. ¿Pasará así esta vez, o será que, para variar, estamos listos para pasar la antorcha? El tiempo dirá.






