La República Dominicana tiene un problema que no es evidente a simple vista, y no lo dice cualquiera. El primer informe Perspectivas de la digitalización: República Dominicana, elaborado por el Think Tank de Tabuga a partir de entrevistas con líderes del ecosistema tecnológico nacional, plantea una lectura incómoda: el país ha avanzado en infraestructura digital, pero no está capturando el valor que esa inversión debería generar.
El documento se construye sobre los aportes de actores clave como Arturo López Valerio, quien conduce la serie T al Cubo y articula el análisis; María Waleska Álvarez, Mitsuteru Nishio, Tomás Alonso y Edison Santos, entre otros. Sus testimonios, recogidos a lo largo de los episodios de la primera temporada, permiten construir un mapa bastante claro de capacidades, brechas y oportunidades.
A partir de estas voces, el informe introduce el concepto de la “trampa de los inputs”: una dinámica en la que el país invierte fuertemente en conectividad —con una penetración de internet cercana al 85 por ciento, más de 15 operadores y alta disponibilidad de red— pero los beneficios económicos y tecnológicos terminan saliendo del sistema local. Es decir, hay acceso, pero no necesariamente generación de valor interno.
El contraste es evidente. Mientras la infraestructura posiciona al país como líder regional, los indicadores de innovación cuentan otra historia: baja producción de patentes, una posición rezagada en rankings globales y una dependencia casi total de soluciones importadas, especialmente en inteligencia artificial. El problema no es técnico, es estructural.
En el eje de talento, los mismos entrevistados coinciden en que la brecha no está solo en formación, sino en adopción. Las grandes empresas avanzan, pero las pymes y microempresas lo hacen mucho más lento. Esto fragmenta el ecosistema y limita el impacto real de la digitalización en la economía.
La transversalidad —tercer eje del informe— aparece como el punto crítico. Cuando tecnología y talento se conectan con sectores productivos, el impacto se vuelve tangible. Casos como la digitalización de pagos o iniciativas como Eco Mensajería muestran que sí hay capacidad de competir a nivel global, pero de forma aún aislada, no sistémica.
El informe también analiza datos concretos, como más de 400 licitaciones tecnológicas en 2025, y plantea escenarios hacia 2030 junto con una hoja de ruta. Sin embargo, más allá de las recomendaciones, el valor está en quién lo dice y desde dónde: no es una opinión aislada, sino una síntesis de quienes están operando, invirtiendo y construyendo dentro del ecosistema.
La conclusión es directa: el país ya resolvió, en gran medida, el acceso. Ahora el desafío es convertir esa conectividad en producción, innovación y propiedad tecnológica local. Porque en el estado actual, estar conectado no es lo mismo que ser competitivo.






