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RD se suma al control de móviles en escuelas

¿Es la tecnología un aliado o un enemigo de la educación?

Por años se vendió la idea de que Internet es un recurso vital para asegurar un acceso más igualitario a información y conocimientos, y precisamente de esta noción surgieron iniciativas como One Laptop Per Child, pues el acceso a Internet se produce precisamente a través de pantallas.

Casi al mismo tiempo que ocurría este movimiento comenzaron a ponerse en marcha una serie de proyectos, aplicaciones y desarrollos orientados a la educación que descansaban en dos pilares básicos: acceso a Internet y pantallas para fines educativos, ya fueran estas teléfonos móviles, tabletas o laptops.

Se fue dando una evolución natural dentro del entorno educativo, desde la educación primaria hasta la universitaria, donde los libros de texto y los cuadernos comenzaron a ser sustituidos poco a poco por pantallas, ocurriendo lo mismo con lápices y lapiceros, eventualmente reemplazados por teclados físicos y virtuales.

¿Dónde está el problema? Es multinivel y no puede verse como algo sencillo o aislado. De entrada, la eliminación de medios físicos de lectura y escritura implica una reducción en el uso de funciones motoras y conexiones cerebrales que son importantes para el aprendizaje y la memoria. Este cambio de paradigma no afecta únicamente a estudiantes, sino también a docentes.

La tecnología, paradójicamente, convirtió la educación en una experiencia más plana, menos dinámica y excesivamente “fácil”, con consecuencias negativas en rendimiento, desarrollo de habilidades y adquisición de conocimientos reales. Gracias a que para todo existe una aplicación y a que teléfonos y dispositivos móviles vienen con calculadoras y correctores instalados, ya nadie -o casi nadie- realiza cálculos manuales ni se preocupa realmente por cuidar la ortografía. Tampoco se memoriza nada porque toda la información parece estar a un par de clics de distancia en Internet. A esta evolución hay que sumar obligatoriamente el influjo de la inteligencia artificial, representando esta tecnología una auténtica pesadilla en el desarrollo de tareas, investigaciones y trabajos académicos.

Si bien en República Dominicana todavía no existe un nivel de dominio casi total de estas tecnologías dentro del ámbito educativo, es evidente que ya están teniendo efectos no deseados sobre el aprendizaje y la calidad de la educación.

En el caso local, el problema no es solamente la sustitución de métodos tradicionales, sino también la enorme distracción que representan las pantallas dentro del salón de clases. Y es necesario aclarar que este fenómeno no ocurre únicamente aquí: también se da en países mucho más avanzados en materia de implementación tecnológica.

Como suele ocurrir con este tipo de procesos, la adopción e implementación de tecnologías en el campo educativo sucede a distintos niveles, incluso dentro de un mismo país. Sin embargo, hay un elemento común en casi todas las experiencias: la distracción que generan smartphones y dispositivos móviles con acceso permanente a Internet y redes sociales.

Se ha demostrado una y otra vez que el uso de celulares dentro del aula no solo reduce la concentración de los estudiantes, sino que también afecta negativamente el rendimiento académico y deteriora las relaciones interpersonales. Chismes, acoso, bullying y conflictos entre estudiantes suelen agravarse cuando se añade el componente de redes sociales y acceso digital sin supervisión adecuada.

Es precisamente en este escenario que surgen los nuevos lineamientos sobre el uso de dispositivos móviles y pantallas en centros educativos públicos y privados del país, anunciados por el Ministerio de Educación mediante la Orden Departamental 011-2026. El objetivo es promover una educación digital más segura, equilibrada y enfocada en el bienestar integral de los estudiantes.

La iniciativa es válida y sigue pasos similares adoptados en distintos lugares del mundo, desde Australia y Francia hasta ciudades y estados de Estados Unidos. Sin embargo, hay aspectos que todavía merecen revisión. Uno de ellos es que las restricciones parecen concentrarse demasiado en educación inicial y básica, dejando un margen más flexible para la educación media. Y precisamente es ahí donde el uso del celular puede convertirse en un problema aún mayor, debido a la influencia que redes sociales y plataformas digitales ya ejercen sobre adolescentes.

También existen otros factores que deben ponerse sobre la mesa. La baja calidad educativa en República Dominicana no puede atribuirse únicamente a la tecnología. Existen problemas estructurales relacionados con currículos desactualizados, personal docente poco preparado o desmotivado y métodos de enseñanza que muchas veces no fomentan el pensamiento crítico ni el aprendizaje independiente.

Aplicar estos lineamientos puede ser positivo, pero debe hacerse junto a una revisión mucho más profunda del sistema educativo para que exista coherencia entre lo que se quiere implementar y los resultados que realmente se esperan alcanzar. Incluso debería replantearse el regreso de materias como moral y cívica, cuya ausencia se hace cada vez más evidente en la sociedad actual.

La educación no consiste simplemente en leer un libro, físico o digital, y aprobar un examen apoyándose en trampas. Se trata de un proceso integral que incluye conocimientos, convivencia, disciplina, pensamiento crítico y sentido común correctamente aplicado.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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