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El caso de Muse Image reaviva el debate sobre el afán de algunas tecnológicas por llevar la IA a cualquier espacio posible, incluso cuando privacidad y sentido común quedan en segundo plano.

El afán de que todo se vaya a pique es real

¿Te imaginas entrar un día a Instagram y toparte con un reguero de fotos tuyas manipuladas con IA sin tener idea de cómo ocurrió semejante atrocidad?

Por absurdo o chistoso que parezca, a eso apostaba Meta la semana anterior cuando presentó con gran fanfarria una nueva herramienta de creatividad impulsada por IA: Muse Image, desarrollada por su laboratorio de superinteligencia.

Según explicaba con gran satisfacción Adam Mosseri, jefe de Instagram, la herramienta estaba diseñada para utilizar fotos de cualquier cuenta pública de Instagram con tan solo hacer la mención correspondiente. En pocas palabras, cualquiera podía convertirse en blanco de la creatividad que se le ocurriera a otra persona, sin importar privacidad, sentimientos ni nada por el estilo.

Quizás porque la gente ya está despertando del sopor, y quizás porque la mala fama precede a Meta y la paciencia se está agotando, Muse Image no tardó en ser ampliamente criticada y condenada, al punto de que fue retirada casi de inmediato.

Aunque podría decirse que el sentido común salió victorioso en esta ocasión, queda en el aire la cuestión de que muchas de las compañías que hoy lideran el avance tecnológico tienen planes y motivaciones que no siempre parecen alineados con el bienestar ni con los mejores intereses de la humanidad. La evidencia está a la vista e incluye el desarrollo de redes sociales altamente invasivas y adictivas, propuestas como el metaverso y, por supuesto, la invasión forzada de la IA. ¿Cuál es la justificación de empujar constantemente en esa dirección? Realmente no se sabe, pero sí se pueden sacar algunas conclusiones.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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