La elusiva privacidad se hace cada vez más escasa y difícil de lograr. Salir a la calle es un ejercicio de exposición constante, no solo porque las ciudades están minadas de sistemas de videovigilancia como parte de sus esfuerzos de seguridad, sino porque todo el vivo anda con un dispositivo en la mano capaz de fotografiar, grabar y captar audio de manera rápida y discreta.
Si la idea de que cualquiera puede tomarnos una foto con su móvil sin que nos demos cuenta es mala, la cosa se agrava cuando añadimos gafas inteligentes a la ecuación, sobre todo cuando el empuje de la industria apunta a que estos dispositivos terminen sustituyendo al smartphone para ejecutar esa visión de manos libres y cero pantallas intrusivas que varias compañías tecnológicas persiguen.
Esta narrativa y este empuje son activamente rechazados por una sociedad que está cansada de sentirse constantemente expuesta, y es así como llegamos a un escenario donde gafas inteligentes como las de Meta protagonizan una creciente reacción por el grado de intrusión y violación a la privacidad que pueden representar estos dispositivos. Si bien hay muchas opciones de gafas de este tipo más allá de las de Meta, no es ninguna casualidad que sean estas las elegidas para dar prominencia al tema, pues todos conocemos el nefasto historial de Mark Zuckerberg y sus productos y servicios en materia de privacidad.
Independientemente de si las gafas de Meta son las más peligrosas o representativas de la nueva realidad que vive el mundo, donde la privacidad parece cada vez más una quimera, hay preguntas puntuales que han motivado la actual preocupación, entre ellas cómo distinguir estas gafas de unas normales y cómo saber que nos están grabando con ellas.
En ambos casos, la respuesta es un tanto elusiva, así como lo es la privacidad. En primer lugar, estas gafas están diseñadas para lucir tan normales como un par de gafas tradicionales. En segundo lugar, aunque tienen un indicador luminoso para señalar que están grabando, ha habido usuarios que han encontrado formas de ocultarlo o modificarlo para pasar totalmente desapercibidos, incluso cuando Meta ha contraatacado con actualizaciones diseñadas precisamente para detectar este tipo de manipulación.
La triste realidad es que abundan los ejemplos de abuso de estas gafas inteligentes y de grabaciones realizadas sin el conocimiento de quienes aparecen en ellas, y es ahí donde una aplicación denominada ZuckOff, desarrollada por el programador polaco Pawel Szydlowski, no solo hace sentido, sino que resulta más que bienvenida.
Aunque no es capaz de advertir si una de estas gafas nos está grabando en un momento determinado, ZuckOff sí puede detectar la presencia de determinados modelos en nuestros alrededores, dándonos al menos la oportunidad de estar conscientes de que hay un dispositivo con cámara cerca y tomar precauciones. La aplicación identifica las señales Bluetooth de estos equipos y las compara con una base de firmas digitales creada a partir de distintos modelos de gafas inteligentes.
El alcance, de hecho, va más allá de Meta. ZuckOff puede identificar modelos Ray-Ban Meta y Oakley Meta, así como Snap Spectacles y otros dispositivos similares. La propia aplicación advierte de sus limitaciones: una detección confirma la presencia probable de uno de estos equipos, no que su dueño esté grabando, mientras que la ausencia de una alerta tampoco garantiza que no haya unas gafas con cámara cerca.
ZuckOff se lanzó en agosto y ya supera las 6,000 descargas entre iOS y Android, con más de 5,000 registradas en la App Store y alrededor de mil en Google Play. El escaneo básico es gratuito, mientras que una versión Pro añade funciones como monitoreo en segundo plano y alertas automáticas cuando aparecen unas gafas compatibles en las cercanías.
Que hayamos llegado al punto de necesitar una aplicación en el móvil para advertirnos que alguien cerca lleva unas gafas capaces de grabarnos sin que lo notemos resume bastante bien el momento tecnológico que vivimos. Durante años la discusión giró en torno a cuánto entregábamos voluntariamente de nuestra privacidad a cambio de servicios digitales; ahora el problema empieza a ser cuánto pueden quitarnos los demás sin siquiera preguntarnos.
ZuckOff no resuelve ese problema, y tampoco puede devolvernos la privacidad perdida. Lo que hace es mucho más básico: advertirnos de que quizás debamos estar atentos. Que una función tan elemental resulte necesaria dice mucho más sobre el estado actual de la tecnología y la privacidad que cualquier discurso sobre las bondades de un futuro permanentemente conectado.






