Días atrás, específicamente el 8 de septiembre, se realizó con gran alharaca un simulacro nacional que buscaba poner a prueba, entre otras cosas, el sistema de alertas a través de la tecnología Cell Broadcast en República Dominicana.
Siendo el caso que la actividad sísmica ha estado muy presente en los últimos meses, con Venezuela y Colombia como dos instancias que nos tocan de cerca, no es mala idea poner esos sistemas a prueba y, más importante aún, educar a la ciudadanía respecto a lo que debe hacerse en caso de un terremoto o cualquier otra catástrofe natural.
Pues bien, el simulacro del 8 de septiembre pasó a la historia como un ejercicio incompleto, donde la primera conclusión que se pudo apreciar es que las alertas no funcionan igual para todos: usuarios de Claro, sobre todo si usan iPhone o Samsung, tuvieron el privilegio de recibirla; usuarios de Altice, en cambio, se quedaron esperando en la mayoría de los casos. Hubo asimismo reportes de alertas recibidas a destiempo y otras que llegaron después de ocurrido el simulacro. En ambos casos, eso no sirve.
Siendo República Dominicana un país donde todo es chercha y nada es serio, no es de extrañar que eso del simulacro se haya quedado ahí tras haber generado preguntas y algún nivel de debate. El problema con dejar las cosas a medias es que, tarde o temprano, viene una situación que deja al desnudo la falta de preparación y seguimiento, y justo esto ocurrió en la tarde del domingo 27 de septiembre.
Ese día, bajo una intensa ola de calor, se registraron siete sismos en territorio dominicano, dos de ellos de cierta intensidad. De manera particular, el registrado a las 5:49 de la tarde, estimado en magnitud 5.5, llevó a muchos a entrar en pánico y salir de sus casas. Hubo reportes de gente orando en la calle, evacuaciones en sitios públicos y demás. A medida que se iba disipando el susto y se confirmaba la ausencia de daños importantes, una pregunta fue surgiendo: ¿y la alerta?
Resulta que nadie recibió la famosa alerta. Ante la insistencia de la gente y los medios, vino el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) con una explicación tan floja que difícilmente podía despejar las dudas: Cell Broadcast aún no está implementado en su totalidad y su activación depende de protocolos y criterios establecidos para estos casos. Curioso, sobre todo considerando que el famoso simulacro de hace 19 días buscaba precisamente poner a prueba ese sistema y hacer los ajustes de lugar.
Quizás al verse expuestos —hasta el director del Indotel pareció cuestionar el asunto al compartir evidencia de los millones desembolsados por esa institución el año pasado para la implementación del sistema— vino después una justificación aún más floja de parte del Centro Nacional de Sismología de la UASD: el sistema de alertas sísmicas se activaría para eventos de magnitud 6.5 en adelante.
Varios puntos a resaltar, empezando por el hecho de que la población no tiene una bola de cristal para saber que este es uno de los parámetros contemplados para dicho sistema de alertas. Luego está el detalle de que un sismo de magnitud superior a 5 puede ocasionar daños dependiendo de factores como su profundidad, distancia, características del terreno y vulnerabilidad de las estructuras, por tanto, ese parámetro quizás deba ser explicado y revisado. Y lo peor: las preguntas del 8 de septiembre siguen en el aire, sin que nadie haya siquiera intentado responderlas.
La gran pregunta: ¿qué pasará cuando haya un terremoto “de verdad”? ¿Nos agarrarán asando batatas? El sistema de alertas es solo parte del entramado de prevención y protección ante la ocurrencia de estos fenómenos. Hace falta educar a la población y tomar medidas de precaución mediante la evaluación y reforzamiento de estructuras, mantenimiento preventivo y fortalecimiento de las normativas de construcción. En cada una de estas instancias nosotros, los dominicanos, nos quemamos.






