La inteligencia artificial dejó hace rato de ser una promesa futurista para convertirse en una expectativa concreta. Si está en todas partes, entonces debe trabajar para el usuario, reducir fricciones y aportar valor real. Esa es, en esencia, la lectura que deja la propuesta presentada por LG en su evento previo al CES 2026, donde la compañía pone el acento no en la espectacularidad de la IA, sino en su aplicación práctica y cotidiana.
El enfoque de LG se apoya en una idea que viene desarrollando desde hace un par de años: la llamada inteligencia afectiva. No se trata de humanizar máquinas por un tema estético, sino de lograr que los sistemas entiendan mejor el contexto, el entorno y las rutinas de las personas para actuar en consecuencia. En esta nueva etapa, esa inteligencia pasa del discurso a la acción, coordinando dispositivos, espacios y servicios de forma más autónoma y coherente.
La visión es clara: una IA funcional, integrada en equipos con propósito y dentro de un ecosistema conectado que no se limita al hogar. La experiencia del usuario, plantea LG, no empieza ni termina en la sala de estar. Se extiende al vehículo, al trabajo y a espacios comerciales, y en la medida en que estos entornos se conecten entre sí, la experiencia se vuelve más fluida y personalizada.
Uno de los conceptos centrales es el llamado Zero Labor Home, una idea que apunta a reducir tanto el esfuerzo físico como la carga mental asociada a las tareas domésticas. En ese contexto se presenta LG CLOiD, un robot bípedo diseñado como agente especializado para el hogar. Su función no es solo ejecutar tareas, sino aprender el entorno, anticiparse a ciertas necesidades y optimizar las condiciones del espacio. Desde ajustar la climatización antes de que el usuario llegue a casa hasta sugerir cambios de planes según el clima o las rutinas habituales, el objetivo es devolver tiempo y atención al usuario.
El diseño del robot no es un detalle menor. Está pensado para operar en hogares reales, con niños y mascotas, priorizando la seguridad, la estabilidad y la movilidad. Más que un gadget llamativo, LG lo plantea como una pieza funcional dentro de un sistema más amplio, donde los dispositivos dejan de operar de forma aislada.
En el terreno del entretenimiento, LG actualiza su apuesta con el televisor OLED evo W6 Wallpaper, un modelo ultradelgado que apenas alcanza los 9 milímetros de grosor. Más allá del diseño, integra tecnologías orientadas a mejorar brillo, contraste y manejo del color, manteniendo la línea de evolución de sus paneles OLED. Aquí la IA no se presenta como protagonista, sino como soporte para optimizar la experiencia visual.
La cocina también ocupa un lugar relevante dentro de esta visión. El refrigerador LG SIGNATURE incorpora capacidades de lenguaje natural para interactuar de forma más directa con el usuario, mientras que la estufa con horno de la misma línea puede reconocer ingredientes y sugerir recetas paso a paso. No es una reinvención del electrodoméstico, sino una capa de inteligencia que busca hacer más intuitiva su operación diaria.
La expansión de esta estrategia va más allá del hogar. LG extiende sus soluciones de inteligencia artificial al vehículo, integrando sistemas de entretenimiento conectados con el ecosistema doméstico y tecnologías orientadas al cuidado del conductor, como el seguimiento de la mirada. El vehículo se plantea como otro espacio inteligente más, no como un entorno separado.
Finalmente, hay un componente menos visible pero igual de relevante: la infraestructura. LG también trabaja en soluciones de enfriamiento y climatización de alta eficiencia para centros de datos, un aspecto crítico en un contexto donde la IA demanda cada vez más recursos. Optimizar este eslabón tiene implicaciones directas en costos, sostenibilidad y escalabilidad.
En conjunto, la propuesta de LG no busca vender una visión grandilocuente del futuro, sino mostrar cómo la inteligencia artificial empieza a integrarse de manera más silenciosa, práctica y estructural en distintos ámbitos. Menos promesas y más ejecución. Esa, probablemente, sea la señal más clara de hacia dónde se mueve la tecnología.







