Sabemos que todo lo que se mueve en internet, ya sea en redes sociales, plataformas comerciales o sitios informativos, conlleva algún riesgo a nuestra seguridad y privacidad, y a esto no escapa la inteligencia artificial.
Los peligros subyacentes de la inteligencia artificial se mencionan hasta la saciedad en cada artículo y debate al respecto: potencial de fake news, desinformación, recolección subrepticia de datos, deepfakes, engaños realistas y ataques dirigidos por código malicioso.
Desde el punto de vista de seguridad, privacidad y otras aristas que impactan directamente el uso y abuso de la IA, el panorama no es nada halagüeño, pero no por ello dejamos de usar una herramienta que está causando estragos a nivel medioambiental, laboral y hasta de salud mental y bienestar.
¿Qué tiene que pasar para que cambiemos nuestra relación con la IA? Desafortunadamente, estamos demasiado metidos en la narrativa como para salir fácilmente de ella, pero aquí viene una posibilidad: necesitamos convencernos de que la inteligencia artificial ni es infalible ni es tampoco la solución a todo.
Una vez comprendamos que la IA es una herramienta más a nuestro servicio y que su desarrollo y uso impactan directamente recursos como el agua y la electricidad, es posible que la relación empiece a cambiar y lleguemos a punto de balance. Aunque parezca poco probable, ya hay indicios de algún ligero cambio en esa dirección, y la esperanza es que haya suficientes experiencias negativas a nivel colectivo para que tomemos acciones de manera más contundente.
Una buena oportunidad la ofrece Google a través de su buscador, el cual ha cambiado radicalmente la experiencia de uso al dar prioridad a la inteligencia artificial y dejar a un lado formas más tradicionales de presentar resultados y respuestas a nuestras búsquedas.
Hacer una búsqueda en Google en este momento inevitablemente genera un resumen provisto por IA que suele ofrecer una respuesta rápida y oportuna a nuestro requerimiento. Este mecanismo no es malo o negativo, pero supone una serie de desventajas de las cuales no necesariamente estamos al tanto.
De entrada, hay un grandísimo potencial de que la información servida no sea la más adecuada o precisa, y esto representa un problema y un peligro a diferentes niveles, pues todo depende de aquello que se haya preguntado en la búsqueda. La cosa se agrava porque la gente, poco a poco, está perdiendo el hábito de verificar la respuesta recibida y de ahondar en su búsqueda o investigación para terminar con la mejor respuesta posible.
En esa confianza casi plena y ciega en la inteligencia artificial es que yace uno de los mayores peligros: manipular una IA para que muestre información falsa o engañosa es más fácil de lo que cualquiera imagina, y ahora se está dando un fenómeno que impacta directamente esas búsquedas en Google y en cualquier otro sitio que ofrezca un servicio similar.
En esta época de servicios digitales, aplicaciones móviles y plataformas sociales, se ha vuelto norma ofrecer servicio al cliente por canales igualmente digitales: correo electrónico, mensajería tipo WhatsApp o formularios online. En ocasiones, como estos mecanismos no son los más adecuados o eficaces, lo que queremos es un número de teléfono para hablar con alguien y resolver aquello que nos atormenta, y es aquí donde se está dando una oportunidad de oro para estafadores.
Aprovechando las vulnerabilidades de la IA, hay quienes se están dando a la tarea de forzar a estos mecanismos a mostrar números falsos cuando se hacen búsquedas de información de contacto para fines de servicio al cliente. Como se trata de una estafa orquestada, al llamarse a esos números da la impresión de que se habla con un representante legítimo, pero no es así: al otro lado de la línea, según se ha reportado en más de una ocasión, lo que hay es una persona acaparando datos y pasándolos a otros miembros para proceder a extorsionar, robar y simplemente estafar.
La forma de evitar caer víctimas de estos esquemas es no dejar todo a la IA y usar nosotros mecanismos más tradicionales que desde siempre hemos tenido a la mano. Quizás este sea el peligro al acecho que nos ponga en guardia y que vaya volteando un poco la tortilla hasta llegar a un punto adecuado de balance.






