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Monedas virtuales y cibercrimen: un análisis de McAfee Labs

por Rocio Diaz

bitcoin

La tecnología, si bien ha traído consigo avances y beneficios que no se ponen en duda, también tiene su lado oscuro. Bajo el término cibercrimen suelen englobarse aquellas prácticas nocivas que se dan en el entorno online, las cuales van mas allá de un simple spam para incluir malware y toda clase de engaños con un alto componente psicológico. La proliferación de monedas o divisas virtuales, que últimamente parecen haber adquirido especial importancia, tan solo empeora las cosas al facilitar una serie de operaciones turbias protegidas por el anonimato.

Quizás el caso más conocido que implique cibercrimen y monedas virtuales sea el de Silk Road, el site clandestino cerrado en octubre por el FBI que se dedicaba, entre otras cosas, a la venta de drogas ilegales.

En lo que constituye un claro intento de lavado de activos, la moneda utilizada para esas transacciones en Silk Road era Bitcoin, la más conocida de las monedas virtuales, con fluctuaciones propias de su naturaleza irregular. Se estima que Ross Ulbricht, señalado como el cabecilla y administrador del site clandestino, tiene una fortuna en Bitcoin ascendente a alrededor de 80 millones de dólares y que el volumen de negocios en Silk Road alcanzó 1.2 mil millones de dólares entre febrero 2011 y agosto 2013. Nada mal, ¿verdad?

A todo esto, ¿qué son monedas virtuales? Un reciente informe de McAfee Labs acerca de lavado digital, monedas virtuales y su uso en cibercrimen hace una aclaración al respecto: según los lineamientos del Banco Central Europeo, la principal característica de las monedas virtuales es que estas utilizan como medio de transacción una unidad monetaria inventada, no regulada por sistemas financieros tradicionales.

Esta aclaración resulta particularmente útil para diferenciar las monedas virtuales de los sistemas de dinero electrónico, donde se utilizan monedas tradicionales y debidamente reguladas, como son los dólares o euros. Otras características de estas monedas virtuales son su inmediatez y anonimato, de ahí que resulten atractivas para uso en operaciones clandestinas. El caso Silk Road es tan solo un ejemplo, pues hay docenas de sitios clandestinos que operan en el submundo online ofreciendo drogas, armas y servicios ilícitos estrechamente ligados a operaciones de lavado de activos.

Por una combinación de factores, que van desde desencanto con los sistemas financieros tradicionales (la razón por la que se creó Bitcoin) hasta la pérdida de credibilidad de las autoridades monetarias, tal parece que las monedas virtuales llegaron para quedarse, con todas las facilidades que proveen al cibercrimen. Para que se tenga una idea de la situación, en su informe “Redefining Virtual Currency”, Yakee Group indica que en 2012 el mercado de divisas virtuales creció hasta los 47, 500 millones de dólares, previendo un crecimiento de 14% para los próximos 5 años. En ese reporte se señalaba a la proliferación de móviles como un factor de crecimiento, pero hay muchas más cosas a tomar en cuenta.

liberty-reserve-logoCierto es que las monedas virtuales se usan para toda clase de transacciones perfectamente legales, pero siguen siendo una facilidad adoptada por un nicho muy específico del mercado, ya sea por desconocimiento, falta de credibilidad o por estar asociadas a negocios turbios. A modo de ejemplo, no solo está el caso Silk Road, sino el de Liberty Reserve, servicio basado en Costa Rica y utilizado para lavar más de seis mil millones de dólares, monto que representa la mayor acusación de lavado de dinero internacional en la historia. (Al parecer había operaciones Liberty Reserve en RD por igual)

A juicio de Raj Samani, vicepresidente y CTO de McAfee para la región EMEA, las monedas virtuales no van a desaparecer. A pesar de los aparentes desafíos presentados por ataques DoS (denegación de servicio) y su uso en lavado de dinero y cibercrimen,  hay también muchas oportunidades para usos legítimos. Para Samani, ignorar estas oportunidades legítimas puede salir caro, pero sale aún más caro no poder hacer frente a los potenciales riesgos.