Cuando hablamos de remesas solemos concentrarnos en los números: cuánto dinero entra al país, cuánto crece cada año o qué impacto tiene sobre la economía. Sin embargo, detrás de esas cifras existe una dimensión mucho más humana que con frecuencia pasa desapercibida.
Un estudio titulado Remesas 2030: cómo profundizar la inclusión financiera de los receptores, desarrollado por Mastercard y CrossTech, invita precisamente a mirar más allá de los montos y las estadísticas. Según la investigación, las remesas llegan a cerca de un millón de hogares dominicanos, impactan aproximadamente al 40 por ciento de ellos y representan alrededor del 10 por ciento del producto interno bruto nacional. Pero su importancia trasciende ampliamente lo económico.
Para muchas familias, una remesa no es simplemente dinero que cruza una frontera. Es una expresión de apoyo, responsabilidad y cuidado. Es el recurso que permite pagar una consulta médica, cubrir gastos escolares, comprar alimentos o enfrentar una emergencia inesperada. En muchos casos, constituye una pieza fundamental de la estabilidad cotidiana del hogar.
Durante años, buena parte de la conversación giró alrededor de cómo hacer que el dinero llegara más rápido, de forma más segura y con menores costos. La tecnología desempeñó un papel clave en ese proceso. Hoy es posible enviar recursos desde prácticamente cualquier lugar del mundo utilizando plataformas digitales, aplicaciones móviles y servicios financieros que han simplificado enormemente las transferencias internacionales.
Sin embargo, el estudio plantea que la conversación está comenzando a evolucionar. Ya no se trata únicamente de cómo se mueve el dinero entre países, sino de qué ocurre una vez llega a manos de quienes lo reciben. La pregunta deja de ser exclusivamente si la remesa llegó, para enfocarse también en las oportunidades que puede generar después.
Los investigadores proponen incluso un concepto interesante: la «retención digital». En lugar de medir únicamente cuántas remesas se envían por canales digitales, sugieren analizar cuánto tiempo esos recursos permanecen dentro del sistema financiero formal antes de convertirse en efectivo. La diferencia puede parecer sutil, pero cambia completamente la perspectiva.
Actualmente, más del 60 por ciento de los receptores de remesas en República Dominicana retira el dinero en efectivo poco después de recibirlo, incluso cuando este llega mediante cuentas, billeteras o tarjetas digitales. Lejos de presentar esto como un problema, el estudio plantea que se trata de una realidad vinculada a hábitos, confianza y formas de administrar los recursos dentro del hogar.
Y es precisamente ahí donde aparece la próxima etapa de la inclusión financiera. Si una parte de esos recursos permanece dentro del ecosistema financiero, las personas pueden acceder más fácilmente a mecanismos de ahorro, historial crediticio, medios de pago digitales y otros servicios que contribuyen a fortalecer su participación económica. La oportunidad ya no consiste únicamente en mover dinero de un lugar a otro, sino en ampliar las posibilidades que ese dinero puede generar.
Por supuesto, esto no depende exclusivamente de la tecnología. La confianza sigue siendo un factor determinante. Las personas administran sus recursos de acuerdo con sus necesidades, experiencias y prioridades. Por esa razón, avanzar hacia una inclusión financiera más profunda requiere educación financiera, infraestructura adecuada y soluciones que respondan a la realidad cotidiana de quienes reciben remesas.
En América Latina el uso del efectivo ha disminuido de forma significativa durante la última década, una señal de que la transformación digital continúa avanzando. Sin embargo, el estudio recuerda que la adopción tecnológica no debe medirse únicamente por la existencia de aplicaciones o plataformas disponibles, sino por la capacidad de estas herramientas para integrarse de forma natural en la vida de las personas.
Durante mucho tiempo medimos el éxito de las remesas por la rapidez con la que llegaban a destino. Hoy empieza a surgir una conversación diferente. El desafío ya no consiste únicamente en conectar a quien envía dinero con quien lo recibe, sino en aprovechar ese flujo económico para generar más oportunidades. Las remesas seguirán siendo, ante todo, una expresión de apoyo familiar, pero también pueden convertirse en una puerta de entrada a una inclusión financiera más amplia para millones de personas. Esa es, precisamente, la reflexión que deja sobre la mesa el estudio de Mastercard y CrossTech.






