Old Versus New

Toy Story 5 y la nueva generación de juguetes digitales

Toy Story siempre ha funcionado mejor cuando toma una idea sencilla y la convierte en reflejo de algo más grande. En Toy Story 5, esa idea parece ser la tensión entre los juguetes tradicionales y una tableta llamada Lilypad, capaz de capturar la atención de Bonnie por encima de Woody, Buzz Lightyear y el resto del grupo. A simple vista es otra batalla animada entre lo viejo y lo nuevo. En el fondo, es una lectura bastante clara de cómo ha cambiado el juego infantil en la era digital.

Durante años, las pantallas han sido tratadas casi como enemigas naturales de la infancia. Hay razones válidas para esa preocupación: exceso de tiempo frente a dispositivos, contenido inapropiado, exposición de datos personales, interacción con desconocidos y dependencia de estímulos rápidos. Pero reducir el debate a “pantallas malas, juguetes buenos” ya no alcanza. La tecnología está demasiado integrada a la vida cotidiana de los niños, y lo importante no es fingir que puede desaparecer, sino entender cómo se está usando.

Un estudio de Kaspersky sobre intereses digitales infantiles apunta precisamente a ese cambio. Según los datos citados por la compañía, las búsquedas relacionadas con plataformas de streaming de video bajaron de 18 por ciento a 8.7 por ciento en un año, mientras que el aprendizaje en línea y la curiosidad científica entraron por primera vez en el Top 5 de búsquedas en Google. Es un dato interesante porque rompe con una idea muy repetida: que los niños solo buscan entretenimiento pasivo cuando están frente a una pantalla.

El auge de plataformas como Google Classroom, Duolingo y recursos vinculados a lenguajes de programación sugiere otra realidad. Los “juguetes digitales” no son únicamente videojuegos, videos cortos o aplicaciones diseñadas para retener atención. También pueden ser espacios de aprendizaje, experimentación, creatividad y autonomía. La diferencia está en el contexto, la edad del menor, el acompañamiento adulto y el tipo de contenido al que se tiene acceso.

Ahí está el punto realmente importante. La tableta de Toy Story 5 puede verse como amenaza para los juguetes clásicos, pero en la vida real la tecnología no es villana por definición. Tampoco es salvadora. Es una herramienta, y como toda herramienta puede servir para aprender, crear y comunicarse, o para aislar, distraer y exponer. El problema no está en que los niños usen tecnología, sino en que la usen sin criterio, sin límites y sin adultos que entiendan mínimamente el entorno en el que se están moviendo.

Fabio Assolini, investigador líder en Seguridad para América Latina en Kaspersky, lo plantea desde esa perspectiva: si la forma de jugar cambió, también tiene que cambiar el papel de padres, madres, cuidadores y educadores. No basta con prohibir por reflejo ni con entregar un dispositivo para que haga de niñera. La educación digital debe empezar temprano, con conversaciones claras sobre riesgos, privacidad, tiempo de uso, contacto con desconocidos y comportamiento responsable en línea.

Esto exige algo más incómodo que instalar una aplicación de control parental: involucrarse. Saber qué juegos usan los niños, qué aplicaciones descargan, con quién interactúan, qué ven, qué buscan y qué tipo de hábitos están construyendo. También exige coherencia. No se puede pedir equilibrio digital desde una mesa donde todos los adultos están pegados al celular. Los hábitos tecnológicos se enseñan tanto con reglas como con ejemplo.

Toy Story 5 llega, entonces, en un momento perfecto para poner sobre la mesa una conversación que muchas familias todavía manejan de forma defensiva. Los juguetes clásicos no desaparecen porque existan tabletas, así como la imaginación no muere porque haya videojuegos, inteligencia artificial o plataformas educativas. Lo que cambia es el ecosistema del juego, y con él cambia la responsabilidad de acompañar a los menores en un entorno donde aprender y exponerse pueden estar separados por apenas un clic.

La nostalgia de Woody y Buzz puede servir de entrada, pero el debate es mucho más actual. Los niños ya están creciendo rodeados de pantallas, algoritmos y asistentes digitales. La tarea no es negar esa realidad, sino enseñarles a moverse dentro de ella con más seguridad, más criterio y más capacidad de aprovechar lo bueno sin quedar atrapados por lo peor.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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