En el entorno de Silicon Valley no es raro encontrar compañías que no solo rompen las reglas, sino que violan los más básicos preceptos de la ética, todo en nombre de la innovación y de posicionarse como las primeras en lo que sea.
La lista es larga e incluye nombres tan prominentes como Meta, anteriormente Facebook, siendo esta la que mejor posicionada está para dar cátedras en el arte de jugar sucio. Pisándole los talones muy de cerca está OpenAI, otrora la niña linda de la IA hasta que vino Anthropic y le tumbó el pulso casi sin proponérselo.
Las jugadas sucias de OpenAI son bien conocidas, desde la fachada inocente de Sam Altman —que se ha ido desmoronando progresivamente hasta no quedar nada— hasta los acuerdos que hace por la izquierda con potenciales rivales de las compañías que le han ayudado a alcanzar su actual posición privilegiada. Microsoft, por ejemplo, se ofendió tras perder su exclusividad luego de la firma del acuerdo entre OpenAI y Amazon, y es un aliado que se ha ido alejando poco a poco, a veces de manera no tan sutil.
Todo este preámbulo nos lleva al lío que actualmente enfrenta OpenAI con Apple, luego de que esta última interpusiera una demanda por robo de secretos industriales. La fuente de tal robo sería personal furtivamente captado de Apple para trabajar en la unidad de hardware de OpenAI, la cual, vaya coincidencia, tiene una fuerte influencia del estilo Apple gracias a la adquisición de IO, la startup cofundada por Jony Ive tras su salida de la compañía, donde duró años siendo jefe de diseño.
A la fecha, según la demanda depositada, más de 400 exempleados de Apple trabajan en OpenAI. Algunos de ellos ocuparon posiciones prominentes en producción y diseño de hardware. Uno de estos es Tang Tan, actual director de hardware en OpenAI, quien lideró equipos de diseño del iPhone y el Apple Watch. Ahora mismo enfrenta acusaciones especialmente graves.
Apple acusa a Tan de entrenar a personal saliente de Apple para evadir los procesos de seguridad y así llevar secretos comerciales a OpenAI. Otro exingeniero de Apple, Chang Liu, es acusado de haber utilizado la laptop de un excolega para descargar información delicada y confidencial relacionada con procesos y diseños de equipos venideros.
Lo de OpenAI llega tan lejos que incluso fue donde un fabricante para observar el proceso de terminación de metales en equipos Apple bajo la falsa premisa de que contaba con permiso de Apple para hacerlo.
Varios puntos curiosos se pueden extraer de este caso. De entrada, Apple sigue siendo el referente a la hora de hablar de equipos de diseño impecable y alta calidad. Por otro lado, este choque no debe sorprender porque Apple y OpenAI son dos compañías muy diferentes a nivel de visión y filosofía. Mientras Apple sigue un enfoque centrado en resguardar privacidad y seguridad, OpenAI es todo lo contrario, y esa es una de las razones por las que, después de haber llegado a un acuerdo de integración de IA en 2024, las cosas se enfriaron al punto de que Apple recurriera a Google para reforzar su oferta y renovar Siri con miras a finalmente entregar la experiencia prometida a nivel de ese asistente personal.
Pese a todo este lío, OpenAI no parece dispuesta a frenar sus ambiciones de entrar en el negocio del hardware. Según Bloomberg, su primera oferta sería una bocina portátil, sin pantalla y alimentada por batería, concebida como una especie de acompañante de IA para el hogar. El equipo tendría cámara y otros sensores para interpretar lo que ocurre a su alrededor, controlar dispositivos, reproducir contenido, responder preguntas y gestionar mensajes. Su lanzamiento estaría previsto para 2027, siempre que la demanda de Apple y los propios retos de desarrollo no terminen alterando esos planes.
Con esta demanda, OpenAI lleva las de perder, y eso ya se está viendo. No solo le pone un freno a sus planes de ofrecer hardware para IA, sino que amplía el escrutinio sobre una compañía que ha pasado todo 2026 bajo fuego.






