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Google Earth Ai Fail

Dando palos a ciegas con la IA: caso Google Earth

Cuando se trata de la IA y de meterla a la fuerza, nada es sagrado, y ahí está el caso de Google Earth como ejemplo y advertencia.

Hasta el usuario más adverso a la tecnología conoce bien una herramienta como Google Earth, que mediante imágenes satelitales, fotografías aéreas y datos informáticos permite explorar prácticamente cualquier rincón del mundo, ya sea una ciudad, una calle o un monumento, gracias a su renderización tridimensional.

Parte del atractivo de Google Earth, más allá de la exploración activa de nuestro mundo, es que sirve de evidencia para aceptar o descartar imágenes que surgen cuando ocurren tragedias, bombardeos y otros acontecimientos de alto impacto.

En pocas palabras, Google Earth es una herramienta a la que periodistas, investigadores y verificadores suelen recurrir para filtrar desinformación. Buena parte de esa utilidad radica en que lo que muestra no está en tiempo real, sino que son imágenes que se actualizan desde cada seis meses hasta cada cinco años, dependiendo del punto de exploración. Las grandes ciudades, por supuesto, son las que con mayor frecuencia se actualizan, promediando entre seis y doce meses.

Tomando en cuenta el estatus de veracidad del que goza Google Earth, resulta cuesta arriba entender la reciente decisión de la compañía de activar una funcionalidad de IA que básicamente invitaba a los usuarios a escribir cualquier cosa que quisieran ver con solo escribir unas pocas líneas en una caja de diálogo.

Para sorpresa de nadie -exceptuando a los genios de Google-, ese asunto de «escribe lo que sea que quieras ver» se salió muy rápido de control. No tardaron parodistas, investigadores y otros usuarios en señalar los peligros de desinformación que encerraba esta funcionalidad, poniendo en entredicho una de las pocas fuentes confiables que aún quedan a disposición en una era dominada por fake news potenciadas precisamente por IA.

Tan grande fue el revuelo que Google tomó la decisión de deshabilitar la herramienta al día siguiente, y con buena razón. Bastaron 24 horas para demostrar lo fácil que era colocar bombardeos, plantas nucleares y accidentes automovilísticos de manera realista en cualquier ubicación dentro de Google Earth, con un nivel de detalle tan alto que se hace difícil diferenciar esas imágenes de una real, salvo por una marca de agua añadida al contenido generado por IA. El problema es que esa marca de agua resulta muy fácil de eliminar simplemente compartiendo capturas de pantalla.

Ante la realidad presentada, Google decidió eliminar ese asunto de «escribe lo que quieres ver» con la finalidad de incorporar salvaguardas que eviten el abuso de la herramienta al nivel ya demostrado. En pocas palabras, hay planes de habilitarla nuevamente, y eso significa que el peligro de desinformación con Google Earth sigue latente; simplemente quedó postergado.

En este punto conviene aclarar que la intención de Google con esa herramienta de IA no era inventar escenarios ni potenciar la desinformación, sino motivar a la gente a ser creativa con el uso de Google Earth, permitiéndoles visualizar su lugar de residencia cien años en el futuro o cien años atrás.

La moraleja de este caso es clara y contundente: no todo necesita ni se beneficia del tratamiento de la IA. Más importante aún, en esta época de desenfreno conviene tomar en cuenta cada uso improbable y asumirlo como probable para entregar un producto final con las salvaguardas que garanticen, en la mayor medida posible, el uso para el que realmente fue concebido.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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