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Linkedin ai slop

Y de repente, la IA ya no es bienvenida en LinkedIn

¿Quién lo diría? Tras un constante bombardeo de herramientas y funcionalidades potenciadas por inteligencia artificial, LinkedIn da tremenda vuelta en U y declara la guerra a esta tecnología en su forma generativa, que es la más abusada.

La comidilla de estos días, tanto dentro como fuera de esa red social caracterizada por la interconexión de contactos profesionales y el intercambio de currículums, es la integración de un botón de “AI Slop” que permitirá a los usuarios marcar como basura digital aquellos contenidos que perciban como una creación directa de la IA que poco o nada aportan al ecosistema.

La medida, que denota un cambio importante de enfoque para una red social que hasta hace poco metía la IA hasta en la sopa, parece formar parte de una tendencia más amplia que responde a la irrefutable realidad de que internet está efectivamente muriendo. La evidencia está en una carga cada vez mayor de contenidos generados por IA, bots y similares. Snapchat también ha declarado la guerra al AI Slop al endurecer las reglas de Spotlight para limitar la difusión de videos generados por IA que sean repetitivos, engañosos o de baja calidad.

El fenómeno de la internet muerta no es nuevo ni está directamente ligado a la invasión de la IA, pero es indudable que la llegada y adopción masiva -muchas veces forzada- de esta tecnología ha acelerado las cosas hasta un punto que pocos sospecharon. Basta con echar un vistazo a cualquier red social, desde Instagram y TikTok hasta la propia LinkedIn, para confirmar que mucho de lo que vemos publicado es producto de alguna IA a la que se le ha dado rienda suelta. Ahora bien, ¿es un delito usar IA en la generación de contenidos? Depende de cómo se mire. Una realidad empírica es que muchas de las imágenes, ya sean fotos, videos o ilustraciones, son producto de la IA. Lo mismo ocurre con buena parte de lo que vemos escrito. Vale preguntarse en qué momento el ser humano decidió dejarse sustituir voluntariamente por la IA, y ese es un debate con ramificaciones sociológicas, humanistas y hasta antropológicas.

Hay muchas formas de usar la IA. Una cosa es pedirle a uno de estos modelos que genere un contenido completamente desde cero, sin tener idea alguna de lo que se quiere lograr, y otra muy distinta es guiarlo con ideas propias, contexto, criterio y otros elementos que a la clara denotan una intención y un objetivo definidos. Desafortunadamente, mucha gente, más de la que pudiéramos pensar, se va por la primera opción, que no es más que crear por crear, dando pie a ese AI Slop que tanto invade nuestras pantallas.

Siendo el caso de que mucha gente sí se vale de la IA para agilizar su trabajo, organizar mejor sus escritos y darles un aire más profesional o pulido, ¿cómo diferenciar esto de un uso genérico y sin criterio? En pocas palabras, si el punto de partida es el uso de IA, ¿cómo distinguir entre puro AI Slop y contenidos asistidos por IA que tienen presencia humana detrás?

Esto no es tan fácil como pudiera parecer. El botón que integra LinkedIn depende enteramente de la percepción de los usuarios de la red, y estos, a su vez, pueden apoyarse en herramientas como Slop ‘o’ Meter, que promete evaluar el grado de humanismo o de presencia de IA en cualquier cuenta de LinkedIn. Basta con introducir un nombre o una URL para obtener un resultado a partir del análisis de las últimas diez publicaciones.

Curiosamente, la detección de AI Slop implica usar inteligencia artificial, y eso en sí es una grandísima paradoja. Más allá de esta ironía está la realidad de que la IA se basa en patrones y probabilidades para decidir si algo fue generado por IA o no, lo que automáticamente complica la jugada. No estamos ante una ciencia exacta ni un sistema infalible, lo que significa que un contenido genuinamente humano podría terminar catalogado como basura digital, y viceversa.

La realidad, quiérase o no, es que hoy el uso de IA para generar contenidos es moneda corriente, inevitable hasta cierto punto, y eso en sí no constituye un delito cuando se cumplen criterios profesionales que a la clara están ausentes en muchas publicaciones.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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