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Comercio electrónico RD: por qué estamos rezagados

por Rocio Diaz

Cada vez que los comerciantes locales se quejan de que las compras online representan competencia desleal surge la misma pregunta: ¿por qué no se invierten recursos en plataformas de comercio online locales?

Los beneficios de esta forma de hacer negocios son bien conocidos: menores costos en infraestructura e inventario más controlado por parte del comerciante, mientras que el cliente se beneficia al no tener que salir a gastar tiempo y combustible, pudiendo así dedicarse a tareas más productivas.

En un país donde los tapones están a la orden del día -no solo en Santo Domingo, que es la capital-, haría bastante sentido el desarrollo de estas plataformas a un nivel que vaya más allá de pagar servicios o saldar cuentas bancarias, junto con las habituales transacciones que de ahí derivan.

¿Qué impide que haya una plataforma de comercio online realmente funcional en la República Dominicana? El tema, que a propósito del famoso Viernes Negro suele activarse por estas fechas, no es tan simple como pudiera parecer.

Escena de Viernes Negro en Santo Domingo en 2015 (El Día)

Escena de Viernes Negro en Santo Domingo en 2015 (© El Día)

En un panel realizado esta semana en la Cámara de Comercio y Producción de Santo Domingo se presentaron varias vertientes. Por un lado, hay un asunto cultural tanto a nivel de cliente como de comercios que incide directamente en la calidad de estos servicios. Por otro lado, hay muchas malas prácticas aún en vigencia, y estas, sobre todo cuando dejan abierta la posibilidad de fraude, constituyen un tremendo obstáculo.

Hay comercios de mentalidad muy tradicionalista que simplemente no entienden el concepto de comercio electrónico o las implicaciones de implementar un sistema de esa naturaleza. Otros se han lanzado a la aventura sin tomar las precauciones de lugar, resultando en pérdidas y obligando a una reestructuración que suele implicar el uso de sistemas ya probados como PayPal.

Quizás el obstáculo más grande que enfrenta el comercio electrónico en el país sea el propio cliente, al menos desde un punto de vista educativo y cultural. Si bien mucha gente hace compras online, relativamente hablando solo una minoría tiene acceso a conexiones de Internet estables y el conocimiento adecuado para realizar esas transacciones de manera fluida. Esta misma situación, unida a un bajo nivel educativo en lo que respecta a estos sistemas, facilita la comisión de fraudes, con el agravante de que usualmente los comercios son los que cargan con las consecuencias de ello.

Por el lado del comercio, hay varias estructuras a revisar, empezando por el tema de los impuestos -a tratarse con las autoridades correspondientes- y siguiendo por las políticas, pues hay negocios que no admiten devoluciones ni intercambios, razón por la que muchos dominicanos prefieren comprar por Internet. Procesos anticuados, políticas copiadas de fuera y estructuras un tanto arbitrarias también limitan el desarrollo de comercio electrónico en el país.

Una plataforma robusta y funcional de comercio online es necesaria, y para ello hay que revisar también la logística a nivel de la ciudad. Las entregas a domicilio solo funcionan en la medida en que las calles estén debidamente identificadas, con los domicilios numerados de forma organizada. En Santo Domingo, lo mismo que en otros puntos, esto requiere de mejoras urgentes.

Diseño de páginas funcionales, garantías de seguridad y un sistema eficiente de respuesta y servicio al cliente son otros puntos importantes a tomar en cuenta en comercio electrónico. A nivel local, por las razones mencionadas más arriba, estamos aún en una etapa inicial y hasta cierto punto básica. En la medida que fenómenos como Viernes Negro sigan tomando fuerza y que República Dominicana siga creciendo como referente en la región esto irá cambiando para mejor.