Home Genoma Digital De “Momo” y otros horrores que rondan por los recursos digitales

De “Momo” y otros horrores que rondan por los recursos digitales

por Rocio Diaz
Scary Yt

ACTUALIZACIÓN: YouTube ha negado el resurgimiento de “Momo”, calificando el tema como engaño viral y procediendo a desmonetizar videos que hagan alusión al personaje o haciendo saber a los usuarios que el video es de contenido perturbador. 

Cada cierto tiempo ocurren fenómenos virales en redes sociales, con incidencia en las más variadas plataformas -desde Facebook e Instagram hasta YouTube- y con resultados que van de lo gracioso a lo preocupante. 



Desde que las redes sociales se hicieron norma es común estar expuestos a este tipo de contenidos, que en la mayoría de los casos suele ser inofensivo, pero, ¿qué pasa cuando no lo es? Casos como el reto de la ballena azul, que nunca realmente se ha comprobado si es real o no, ofrecen una mirada a una realidad que muchas veces no quisieramos reconocer: en Internet aparece de todo, y no siempre están las cosas debidamente reguladas. 

Existe mucha gente cínica y dispuesta a hacer daño, tal como lo atestiguan los cientos (o miles) de noticias violentas y desagradables que pueblan los periódicos de todo el mundo. Casos de raptos premeditados, esclavitud forzada, sodomización, pedofilia y explotación sexual a los más variados niveles compiten con tendencias preocupantes de drogas “nuevas” que fluyen como agua entre ciertos grupos y una propensión al suicidio juvenil que viene muchas veces impulsada por casos de bullying incesante. 

Sí. El ser humano, si lo dejan, puede ser bastante cruel. La sociedad actual, tan conectada y desconectada a la vez, es una que exhibe comportamientos cada vez más oscuros e impenetrables con ayuda de la constante exposición que proveen las redes sociales. Es en este contexto entonces que vienen a darse casos tan chocantes como la inclusión de instrucciones de suicidio en medio de videos claramente orientados a la población infantil. 

En esta semana, por enésima vez desde que se constituyó en una especie de antídoto para niños bullosos e hiperactivos, YouTube está bajo fuego a raíz de una serie de videos manipulados que incluyen en medio de contenido perfectamente inofensivo instrucciones explícitas de corte de venas para fines suicidas. Como si esto no fuese lo suficientemente perturbador, hay videos donde en vez de esto, supuestamente, aparece “Momo”, un horripilante personaje de presumible origen japonés que el año pasado protagonizó una de las tantas modas pasajeras que se dan en el mundo digital. 

Además de tener un aspecto exageradamente desagradable, Momo se hace acompañar de mensajes alarmantes que van desde una amenaza de matar a quien lo ve hasta instrucciones que, una vez más, van orientadas a suicidio. Desde Peppa Pig hasta Fortnite, hay indicios de un contagio de este personaje en contenido infantil en YouTube. 

YouTube, tras ignorar reportes iniciales de padres y tutores alarmados, finalmente sacó de circulación los videos señalados como peligrosos. La medida es correcta, pero ello no es suficiente, pues nada realmente impide la manipulación ocurrida o que se cuelen videos inapropiados en canales o plataformas que supuestamente van orientadas a niños.

Por mucho que YouTube, Facebook, Google y demás hablen de filtros y de contenidos curados, hay una triste realidad que debemos asumir como usuarios de estos servicios: no se puede confiar en la tecnología ciegamente. YouTube ha estado envuelta en escándalos similares en el pasado, y el nivel de respuesta ha sido menos que satisfactorio. Aun así, millones de padres y tutores en el mundo entero siguen exponiendo a sus hijos a la conveniencia de una pantalla donde el principal atractivo suele ser YouTube Kids, la aplicación “optimizada” para niños de esta plataforma. 

En vista de la situación actual lo que queda es hablar con los hijos orientarlos y poner un poco más de atención a la forma en que se relacionan con la tecnología. A veces lo que parece ser conveniente termina siendo un tremendo problema, y eso está ocurriendo con nuestra dependencia cada vez mayor a recursos digitales.