Home Opinión Es hora de pensar en la conectividad como un derecho humano

Es hora de pensar en la conectividad como un derecho humano

por Abel Avellan
Connected

En este momento, la mitad de la población mundial (casi 4 mil millones de personas) carece de acceso a Internet móvil, según el grupo de la industria móvil GSMA, siendo Latinoamérica una de las regiones donde más diferencias de acceso existen, ya que no todos los países cuentan con la infraestructura tecnológica adecuada para ello debido a factores tan diversos como el nivel socioeconómico o la ubicación geográfica. Por eso, en 2019, 303 millones de las 646.4 millones personas no tenían acceso a Internet móvil – justo un poco menos de una mitad.

Según la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (Cepal) el 33 por ciento de los habitantes de la región carece de conexión a internet, en una época en la que los gobiernos están impulsando el estudio a distancia y el teletrabajo para prevenir el contagio del virus. Ahora más que nunca, las personas dependen de sus teléfonos celulares por encima de cualquier otro medio de conectividad, por tanto, si resolvemos el problema de acceso a Internet móvil, la otra mitad del mundo se iluminaría.

Imagínense el impacto que tendría el hecho de que un agricultor sin acceso a Internet, en una zona remota de Honduras o Chile, pudiera de repente conectarse y ver los precios del mercado, las predicciones meteorológicas o utilizar servicios bancarios desde un teléfono móvil. O si un excursionista perdido en el pueblo fantasma de Quilcamachay en Perú, pudiese hacer una llamada de emergencia que significaría la diferencia entre la vida y la muerte.

Todo eso requiere de un acceso a Internet móvil mucho más amplio. Afortunadamente, una constelación de satélites de órbita terrestre baja (LEO) lanzada por mi empresa, AST SpaceMobile, pronto cubrirá la tierra con acceso a Internet móvil, llegando a zonas del mundo en las que el acceso celular regular nunca podría ser fiable o rentable. El teléfono inteligente en tu bolsillo será todo lo que necesitas para estar conectado – muy buenas noticias para el 63 por ciento de las personas en regiones rurales quienes viven sin este acceso hoy día.

Estos avances radicales en la igualdad de acceso mejorarán la vida de las personas en tres áreas principales: crecimiento, bienestar y oportunidad.

Impulsando el crecimiento económico

La ampliación del resto de la América Latina a Internet daría un enorme impulso a la economía regional y llevaría la inclusión financiera a quienes antes no estaban conectados. Disponer de una conectividad fiable y asequible significaría que una persona de la aldea más remota podría acceder a servicios financieros como el microcrédito o los pagos digitales. Con un mayor acceso, las pequeñas empresas podrían competir con las grandes compañías y conectarse con compradores de otros países. Los residentes rurales podrían comprar bienes y servicios similares a los que se encuentran en las zonas urbanas, a un costo menor. Las personas podrían trabajar desde cualquier lugar y vender sus servicios a todo el mundo.

Fomentar el bienestar

La Internet móvil ha desencadenado movimientos de cambio social en todo el mundo, ha destituido gobiernos y ha influido en el resultado de elecciones. Los nuevos usuarios de internet móvil pueden desarrollar habilidades, votar y ver a un médico en sus teléfonos. Por supuesto, con una mayor conectividad vienen desventajas como la vigilancia y la desinformación que deben ser mitigadas.

La telemedicina es un ejemplo del beneficio social. Los servicios de Internet celular por satélite podrán conectar pacientes en zonas remotas con médicos en centros urbanos y ayudar a salvar vidas.

Oportunidad democratizadora

Cuando el mundo entero se ilumine, un niño en una remota aldea de la Patagonia chilena tendrá el mismo acceso a la información y al conocimiento que uno en la Ciudad de México. Cuando se despliega con la información y los incentivos adecuados, el aumento del acceso a Internet puede ayudar a nivelar el campo de juego para los ciudadanos rurales. Los jóvenes y los que viven en ciudades tienen más del doble de acceso a Internet que los ciudadanos mayores y rurales, según el Banco Mundial.

Cuando nivelemos el campo de juego, nuevos grupos de personas podrán entrar en la fuerza laboral. Los gobiernos pueden servir mejor a las poblaciones rurales o marginadas, permitiendo una respuesta más efectiva a la pandemia de coronavirus, por ejemplo. Los residentes pueden ganarse la vida en sus pueblos en lugar de tener que emigrar a las grandes ciudades.

En última instancia, cuando la región entera pueda acceder a mayores oportunidades y a mayor movilidad, una mayor parte de la población latinoamericana podrá prosperar. Con un acceso a Internet celular mucho más amplio y equitativo, esa idea se hace realidad. Es hora de pensar en la conectividad como un derecho humano, junto con el acceso al agua potable y la electricidad.