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Moho inteligente y biocomputación

por Rocio Diaz

Cuando se habla de inteligencia es común pensar que los humanos somos los únicos que contamos con esa característica. Se trata de una visión totalmente errada porque todos los seres viventes cuentan con alguna forma de inteligencia, y, quizás más importante que eso, todos cuentan con intuición que les permite sobrevivir en su medio.

Así, por ejemplo, se ha demostrado que las palomas son menos brutas de lo que normalmente se piensa, con evidencia científica de que pueden contar objetos en orden ascendente con una capacidad similar a la demostrada por los monos. No solo eso. Un estudio realizado este año en París demostró que las palomas tienen memoria, que son capaces de reconocer caras individuales y que no se dejan engañar por cambios en la ropa. Por otro lado, hay evidencia en video de que los peces son capaces de usar herramientas para obtener su comida y que por igual tienen memoria.

De la misma forma que seres vertebrados e insectos demuestran tener inteligencia, ocurre lo mismo con organismos más sencillos, como es el caso del moho mucilaginoso, un microorganismo eucarionte del reino protista que está siendo estudiado en la Universidad de Hokkaido (Japón) para fines de biocomputación. El referido moho ha mostrado comportarse inteligentemente dentro de un laberinto, con colonias que se organizan en grupos que buscan la ruta más expresa y menos expuesta a luz cuando andan en búsqueda de alimento. El moho incluso es capaz de recordar dónde hay peligros presentes para así evadirlos.

El doctor Toshiyuky Nakagaki, del Instituto de Investigación de Ciencia Electrónica de la Universidad de Hokkaido, tiene la teoría de que el moho ha evolucionado a través de sus millones de años de existencia y que esto es lo que le permite adaptarse con tanto éxito a las condiciones adversas. Nakagaki, que ha ganado un premio Ig Nobel por sus observaciones de esta clase de moho, explica que este microorganismo es capaz de diseñar redes ferroviarias similares a las Tokio haciendo uso de su sistema de navegación.

De acuerdo con Nakagaki y otros investigadores, esta capacidad del moho mucilaginoso de evadir peligros y buscar la mejor ruta hacia un objetivo es una capacidad de la que carecen los más avanzados sistemas de computación porque implica un nivel de procesamiento de información bastante complejo que hasta ahora se pensaba era inexistente en organismos unicelulares. Por este motivo se cree que el moho puede ser uno de los elementos claves de la biocomputación, un campo en que el ciencia y nanotecnología se unen en el diseño de máquinas con componentes biológicos con capacidad de pensar lógicamente y que pueden tener usos muy diversos.

El atractivo de la biocomputación reside en el hecho de que mediante la combinación de moléculas, ADN y proteínas se pueden desarrollar componentes autosuficientes, capaces de replicarse y organizarse a sí mismos dentro de un conjunto de condiciones óptimas. Esto implica sistemas más eficientes y potencialmente menos costosos, con aplicaciones especiales en diversos campos de la medicina. De momento ha habido algunos avances en este campo, pero todavía está en fase temprana.