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Pasaportes de vacunación, el próximo dilema de la covidianidad

por Rocio Diaz
Excelsior Pass

Hace ya un año que empezó la pandemia que aún mantiene al mundo en estado de alerta y de libertad semicoartada, pero, a diferencia de 2020, estamos en un proceso de aparente normalización que ha sido impulsado en gran medida por los programas de vacunación que numerosos países llevan a cabo en la actualidad. 

Al igual que ocurrió con las investigaciones sobre la COVID-19 en su momento en lo que respecta a sus mecanismos de contagio, consecuencias y demás, con el tema de las vacunas han reinado la confusión, las intrigas y la desconfianza, con el agravante de que hay tremendo tirijala entre las grandes naciones que controlan su producción.

Como si ya no fuera suficiente trauma tener que vacunarse, esto siguiendo un orden lógico en base a edad y vulnerabilidad, la advertencia generalizada es que este proceso no aporta inmunidad total contra el virus. Más bien, el objetivo es reducir el riesgo de contagio y la intensidad de los síntomas asociados a la COVID-19, que, como se sabe, puede ser letal. 

Dependiendo del país y tu edad, lo más probable es que no te hayas vacunado aún, pero de seguro estás muy atento a lo que acontece en este renglón, y una de las consecuencias de este proceso es el surgimiento de “pasaportes” que certifican que el portador está debidamente vacunado contra la COVID-19.

Con estos pasaportes lo que se busca es impulsar una reapertura mayor de la economía, donde comercios abran sus puertas sin temor a generar focos de infección. La idea no es mala, pero, cabe preguntarse, ¿qué pasa con quienes aún no se vacunan, ya sea porque no les ha llegado el turno, porque son alérgicos, o presentaron alguna reacción adversa de manera inmediata? ¿De repente hay una suerte de discriminación entonces? 

El tema de los pasaportes de vacunación no solo es visto como una imposición más dentro de un mundo cada vez más enrarecido, sino que, también, representa una oportunidad de negocios que deja muchos signos de dinero en los ojos de unos pocos. 

En Estados Unidos, nuestro eterno referente, la administración Biden ha contado al menos 17 iniciativas distintas para la implementación de los dichosos pasaportes, y ello abre un conflicto en lo que respecta a acceso y disponibilidad por parte de la población. 

Una iniciativa de este tipo debería ser coordinada conjuntamente con un organismo como la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero, de momento, solo se ven propuestas particulares que no aseguran el debido acceso y disponibilidad. Por si no fuera poco, hay, igualmente, preocupación por el lado de la privacidad de los datos. 

Si de repente les da a las aerolíneas, restaurantes, tiendas y hoteles con exigir el famoso pasaporte, mucha gente quedará excluida, ya sea por no haberse vacunado, por no disponer de suficientes recursos para su adquisición, o, peor, por ignorancia o ausencia de ese tipo de servicios en su lugar de origen. Solo falta que a consecuencia de esto surja una nueva élite.  

Mientras tanto, ya Nueva York dio el primer paso con Excelsior Pass, una aplicación que funciona como pasaporte de vacunación, o de ausencia de COVID-19 en base a prueba PCR o de antígenos, y que permite al portador participar en eventos sociales que sobrepasen el límite impuesto por el estado. 

Al igual que ocurre con un pasaporte para viajar, este de la covidianidad solo funciona por tiempo limitado. Según lineamientos de Excelsior Pass, este es válido por 180 días tras la vacunación, mientras que en el caso de prueba PCR solo es válido hasta la medianoche del tecer día. En caso de una prueba de antígenos, hay que andar rápido: su validez expira a las seis horas de haberse obtenido el resultado.

Aparte del potencial de discriminación, cabe preguntarse, ¿cómo se manejaría esta logística? ¿Cómo se controlaría que la gente no presente información falsa? ¿Cómo se evitarían fraudes o falsificaciones? Fácil que aparecen servicios ofreciendo pasaportes “de ocasión”, libres del trámite que implica vacunarse o hacerse las pruebas de lugar. Y una pregunta más: ¿surgirá legislación obligando a la gente a mantener ese documento al día?

Como ven, esta cuestión del pasaporte de la covidianidad es mucho más compleja de lo que parece. En lo que las cosas se definen, Reino Unido ya tiene fecha para hacer las pruebas que culminarían en su propia implementación. ¿Cómo lo ven?