Home Opinión Si no estás “en vivo”, no estás en nada

Si no estás “en vivo”, no estás en nada

por Rocio Diaz

Tener tus 15 minutos de fama es más fácil que nunca: basta con coger tu smartphone y ponerte a hacer cualquier tontería en vivo a través de la red social de tu preferencia.

Transmitir en vivo, algo que hasta hace unos años era dominio exclusivo de grandes estaciones de televisión, se ha ido democratizando a tal punto que hoy día cualquiera puede hacerlo, con opciones de sobra.

Se trata de una de las grandes promesas de la revolución digital: servir de igualador. Empezó con el fenómeno de los blogs y el llamado “periodismo ciudadano” y sigue ahora con la moda “live” tras haber pasado por un periodo de socialización enfocado masivamente en fotos y vídeo.

Tener la facilidad de transmitir en vivo es, por supuesto, una gran cosa. Lo que antes requería de complejos sistemas, cámaras especializadas y hasta acceso a satélites hoy se hace con equipos supercompactos y con par de clics en una aplicación minimalista y fácil de usar. De todas las opciones disponibles, es posible que la más compleja sea la de YouTube.

Con la simplificación de las transmisiones en vivo, que de ñapa son gratuitas, siempre que no se exijan muchas cosas (para proyectos más “serios” hay opciones como Livestream, que en su momento era caro y complejo de usar, habiéndose ya adaptado a las facilidades de ahora) ha venido por igual una simplificación de los contenidos.

Se admite que plataformas como Periscope y Facebook Live son sumamente útiles para proyectos de nueva entrada que sin muchos recursos pueden llevar transmisiones en vivo de acontecimientos a su público, pero esas mismas herramientas son usadas a diario por gente que no parece tener más oficio que estar en las redes sociales.

El uso indiscriminado de las redes sociales tiene a mucha gente en un estado permanente de irrealidad que se ve exacerbado por la facilidad de compartir cualquier cosa con la atractiva etiqueta de “en vivo”. Las redes sociales han sido responsables de tan nefastos fenómenos como el clan Kardashian, cuyo principal aporte es una cuota diaria de escándalos, y de actos tan poco serios pero igualmente populares como el de “Carlos Montesquieu”.

La gente que sigue estas cosas de cerca se olvida de que hay problemas serios en el mundo. Se olvida de interactuar con la gente de su entorno y con su realidad. Son individuos que se la pasan atentos a selfies y poses, con la esperanza de que su próximo vídeito “live” los lance al estrellato, aún sea por solo 15 minutos.

¿Es así como queremos vivir realmente? La tecnología no es mala, y estas facilidades de ahora ciertamente tienen su utilidad, pero hay que saber usarlas. Hace falta un equilibrio que ahora mismo no parece haber.