Hace mucho se sabe que las redes sociales nada tienen de inocentes. Son una trampa que recoge datos, absorbe vidas y aprovecha a sus usuarios de todas las formas posibles para alimentar un negocio tremendamente lucrativo.
Pese a que casi desde el principio se viene advirtiendo que en redes sociales las cosas no son lo que parecen, la gente nunca dejó de usarlas. Al contrario, por el afán de socializar y porque seguir al rebaño forma parte de estar a la moda, con cada advertencia parecía aumentar el uso de estas plataformas. La actitud colectiva terminó siendo una tremenda sacada de lengua a quienes advertían sobre sus riesgos.
Ahora bien, vale la pena reflexionar sobre algo: ¿realmente fue la gente la que decidió comportarse de esta manera, o será que fue llevada a ello? La evidencia de lo segundo lleva años acumulándose, con numerosas investigaciones y comparecencias ante el Congreso estadounidense y parlamentos europeos que han intentado determinar cómo tomó forma este fenómeno y hasta qué punto las propias plataformas empujaron a sus usuarios hacia un consumo cada vez más compulsivo.
Hoy, después de fuertes señalamientos, denuncias, libros, investigaciones y acciones puntuales dirigidas a limitar los daños de las redes sociales sobre la salud mental y alejar de su influencia a niños y adolescentes, da la impresión de que uno de los principales señalados, Meta, podría finalmente enfrentar consecuencias de otra magnitud.
¿Será esta realmente la vencida? Hace mucho que el momento de la verdad parece acercarse por los predios de las redes sociales, con señalamientos contra Meta, Snapchat, YouTube, TikTok y hasta X, pero hasta ahora los grandes golpes han quedado lejos de transformar el negocio. Lo que enfrentan Meta y Zuckerberg en esta vuelta, sin embargo, tiene otro peso. Cuatro estados reclaman sanciones que podrían alcanzar los 1.4 billones de dólares, una cifra cercana al valor de mercado de la compañía, aunque una penalidad de semejante tamaño está lejos de estar garantizada.
El juicio se desarrolla en California y tiene como protagonistas a California, Colorado, Kentucky y Nueva Jersey, cuatro de los 29 estados involucrados en la acción federal contra Meta. Las acusaciones apuntan al diseño deliberadamente adictivo de Facebook e Instagram, el impacto sobre niños y adolescentes, el manejo de sus datos y posibles violaciones de la ley federal de privacidad infantil. Entre las medidas reclamadas figuran restricciones a mecanismos como el scroll infinito y la eliminación de algoritmos entrenados con datos obtenidos de menores.
Ese último punto abre otro frente particularmente delicado para Meta. Los datos son materia prima fundamental para sus algoritmos y para buena parte de su apuesta por inteligencia artificial, por lo que una orden que obligue a eliminar información obtenida ilegalmente de menores y los sistemas entrenados con ella tendría implicaciones que van mucho más allá de Instagram y Facebook. Estamos hablando de una apuesta que toca directamente la forma en que Meta construye su futuro tecnológico.
Este juicio tampoco puede verse de manera aislada. La ofensiva legal contra Meta viene de una coalición mucho mayor: en 2023, 41 estados y el Distrito de Columbia emprendieron acciones contra la compañía por alegaciones relacionadas con prácticas adictivas, privacidad y daños a niños y adolescentes. El caso que ahora llega a juicio forma parte de esa ofensiva mucho más amplia y puede marcar el camino para litigios que todavía siguen pendientes.
Aun cuando finalmente se obligue a Meta a eliminar o limitar mecanismos como el conteo de likes y el scroll infinito, tristemente buena parte del daño ya está hecho y será difícil revertirlo para la generación que creció bajo estas dinámicas. Quizás lo más cruel de todo es que durante años los usuarios compraron el cuento de que estas plataformas eran gratuitas y hasta agradecieron a personajes como Zuckerberg por su supuesta “generosidad”, sin entender que ellos mismos eran el producto y que sus datos, atención, hábitos y tiempo estaban alimentando un negocio construido precisamente alrededor de ellos.






