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Desinformación online, un fenómeno más complejo de lo que se ve

por Rocio Diaz
Leyendo

Lejos de ser una fuente informativa creíble y confiable, la Internet se ha convertido en un campo minado de desinformación y fake news donde las redes sociales y las plataformas de mensajería como WhatsApp juegan un rol preponderante en su difusión y alcance. 



Internet es igualmente un lugar donde abundan los contenidos repetidos, el copy-paste y la apropiación indebida de contenidos que se distribuyen sin ningún control, efectivamente enterrando contenidos de valor y publicaciones que aportan al conocimiento y entretenimiento sano. 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Sería muy fácil decir que la gente todo lo daña, pero este fenómeno de la desinformación y las “fake news” es más complejo y profundo de lo que pudiera pensarse. De entrada, estamos ante un fenómeno que de inocente no tiene nada, sino todo lo contrario: Benjamin Decker, fundador de Memetica, una agencia de consultoría de investigaciones digitales, comentaba en EmTech Caribbean 2019 que la desinformación, pese a su carácter caótico, es en realidad un esfuerzo cuidadosamente orquestado que sigue objetivos específicos. 

Uno de los objetivos es llevar la desinformación a medios tradicionales y respetados, situación que cada vez sucede con mayor frecuencia, y eso a su vez ya sigue otros objetivos que dependerán de cada caso. En el contexto actual de geopolítica y otros intereses hay un uso estratégico que ha dado sus frutos y que igualmente ha traído consecuencias negativas y escrutinio a plataformas como Facebook -la más señalada de todas- y Twitter. 

Es curioso como la desinformación pasa de lugares como redes abiertas, redes anonimizadas, redes seguras y redes de la dark web a lugares más públicos y de uso común como las redes sociales para de ahí dar el salto a medios tradicionales y ya establecidos. Es igualmente curioso saber que desinformación es en realidad un fenómeno más amplio donde se manejan tres tipos de piezas:

  1. Información errónea: cuando se cometen errores no intencionales de nombres y otros datos menores.
  2. Desinformación: cuando se fabrican noticias o se manipulan contenidos intencionalmente, casi siempre como parte de alguna teoría de conspiración.
  3. Mala-información: la más delicada de las tres, pues se trata de usar información real con intención de hacer daño (a modo de ejemplo, pornografía de venganza) y de cambiar deliberadamente el contexto o algún dato crucial con el mismo objetivo.

A menudo el fenómeno de la desinformación online se hace acompañar de manifestaciones de odio, ideologías extremas y otras formas de interacción que resultan tanto chocantes como apasionantes, ganando adeptos muchas veces a base de técnicas de persuasión e ingeniería social. 

Como se trata de algo tan complejo y con tantas aristas, plataformas como Facebook usualmente tratan de combatir la proliferación de desinformación a través de regulaciones de grupos de odios y otras expresiones extremas. Aunque parece una medida lógica, hasta ahora el resultado de tales esfuerzos ha sido poco satisfactorio, con quejas de parte de personas que consideran han recibido un trato injusto y, peor, dando lugar a un fenómeno conocido como “deplatforming”, que es cuando esas personas que pudiéramos llamar disidentes o conspirativas de repente se quedan sin una plataforma para actuar. 

Inicialmente podría parecer una buena idea dejar a esos grupos sin plataforma, pero entonces suele ocurrir que se agrupan y van surgiendo otras plataformas en consecuencia donde no hay control de esa información tóxica, eventualmente desbordándose y llegando nuevamente a las masas. Al final es un círculo vicioso que no parece tener fin. 

Se ha puesto de moda el emplear soluciones de inteligencia artificial para combatir el fenómeno de la desinformación, la mala información  y demás, pero en realidad es insuficiente, aun cuando trabajan para complementar el trabajo de curadores y reguladores de contenido. 

La mejor arma para no caer en el gancho de fake news es el propio usuario. Hay que estar en la capacidad de discernir y tener la suficiente responsabilidad de verificar antes de compartir cualquier cosa. De esta forma no solo paramos el esparcimiento de la desinformación, sino que servimos de ejemplo a nuestros contactos y de posible muralla dentro de nuestro círculo.