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El fenómeno de los mensajes sonámbulos

por Rocio Diaz

Tener un smartphone significa que además de hacer y recibir llamadas contestamos e-mails, revisamos Facebook, resolvemos situaciones laborales, mandamos mensajes de texto y chateamos, ya sea por placer o por trabajo. Sin duda se trata de una herramienta útil a la que se le está dando un uso demasiado intenso, en ocasiones indebido, pues hasta en situaciones sociales se ve a la gente atenta al parpadeo de una pantalla, ignorando de paso a quienes le hacen compañía.

Chatear es bueno en el sentido de que sale más barato que hacer una llamada, sobre todo cuando se está dentro de una comunidad de usuarios de Blackberry o se tiene acceso a una aplicación como WhatsApp, que permite el chateo entre plataformas distintas. Además, mandar mensajes instantáneos por chat, que no es lo mismo que mandar SMS, es una forma sutil de comunicarse en momentos donde las llamadas telefónicas quizás interrumpan o no sean bienvenidas.

Por los motivos mencionados anteriormente es que el chateo se ha convertido en algo normal, y eso es algo que ha tenido consecuencias variadas. Por ejemplo, hay gente que chatea mientras conduce, una acción que reduce el nivel de concentración y que aumenta el riesgo de tener un accidente, como de hecho ha ocurrido. Por otro lado, han aumentado los casos de lesiones en pulgares y las manos en general debido a los movimientos repetitivos que suelen hacerse mientras se chatea y se manipulan los smartphones. Esta condición se conoce habitualmente como pulgar de Blackberry, a pesar de que afecta a usuarios de smartphone en general, y a menudo las molestias no se limitan a los pulgares sino que pueden afectar al brazo y el cuello por igual.

Los efectos del uso y abuso de estos teléfonos tienen incidencia no solo mientras estamos despiertos, sino que pueden interrumpir el sueño y afectar la calidad del mismo. La cosa ha llegado tan lejos que especialistas en desórdenes del sueño de Estados Unidos y Australia han informado de casos de personas que mientras duermen mandan mensajes de texto incoherentes a sus contactos, una acción de la que se enteran al día siguiente cuando les reclaman por el disparate enviado. En todos los casos la persona no recuerda haber hecho eso, de ahí que el fenómeno haya sido bautizado como “sleep texting”, lo que puede traducirse libremente como mensajes sonámbulos.

Al decir de estos especialistas, esas acciones inconscientes y sonámbulas no son más que un reflejo del estrés diario al que estamos sometidos, algo que se agrava con el uso excesivo de estos aparatos. El resultado es que aún cuando estamos supuestos a estar descansando el cerebro no se apaga del todo y sigue en automático. Para aquellas personas que duermen con sus teléfonos al lado o incluso en la misma habitación, es relativamente fácil que en ese estado de semiinconsciencia agarren el teléfono y empiecen a manipularlo, emulando lo que hacen día tras día. El resultado es un fenómeno como este, que ya en 2008 había tenido un precursor con el caso documentado por la Universidad de Toledo (Ohio, Estados Unidos) de una mujer que componía y mandaba correos electrónicos mientras dormía.

¿La mejor forma de evitar estas situaciones? No irse a dormir con el teléfono, y, de ser posible, dejarlo fuera de la habitación. A eso añadiría tratar de reducir la dependencia que inevitablemente vamos creando a medida que esos teléfonos nos sirven de soporte y hasta de entretenimiento. Es importante establecer límites propios respecto a uso de los smartphones porque lo cierto es que están invadiendo la vida de maneras a veces insospechadas.