Hace alrededor de un año, el Gobierno, con su habitual grandilocuencia, anunció que Amazon iniciaría operaciones en República Dominicana, dando lugar a toda clase de análisis y especulaciones en torno a las ventajas que esa movida estratégica representaría para los dominicanos que tienen por costumbre hacer pedidos online y utilizar servicios de courier para recibir sus paquetes en el país.
Mucho del análisis de aquellos días daba por sentado que, con Amazon haciendo entregas directamente en suelo dominicano, muchos de esos servicios de courier desaparecerían, pues se supone que alguna ventaja debe haber cuando se elimina al intermediario. La cuestión pasó a la historia como uno de los doritos más grandes de la Dirección General de Aduanas, pues relativamente rápido se supo que Amazon no estaba instalando aquí ninguna oficina, almacén ni hub de distribución. Lo que había establecido era una ruta Miami-Santo Domingo para servicio de carga.
El tema pasó rápidamente de generar grandes expectativas y alegría colectiva al desencanto y, posteriormente, al olvido. Doce meses después, en septiembre de 2026, y gracias al incidente del pasado fin de semana en el que un avión Prime Air de Amazon se salió de la pista al aterrizar por tercera vez en el Aeropuerto Internacional de Miami desde Puerto Rico, nos enteramos de un detalle de lo más curioso: la ruta de carga Miami-Santo Domingo dejó de operar en enero de este año por baja demanda.
El dato de la suspensión de la ruta fue dado a conocer por El Testigo, a partir de una aclaración ofrecida por un vocero de AERODOM a propósito del incidente. Es decir, la desaparición de aquella ruta que tanta atención recibió cuando fue anunciada pasó prácticamente por debajo de la mesa.
Es curioso que se anuncien cosas con tanta algarabía, generando confusión en el proceso y una falsa sensación de importancia o abundancia, pero que no se haga lo mismo para dar seguimiento al tema y anunciar que, así como llegó, se fue por falta de quórum.
Nos queda mucho por aprender.






