El grooming en línea lleva años siendo un riesgo para niños y adolescentes, pero las herramientas y los espacios utilizados para establecer ese primer contacto están cambiando. Ya no se trata únicamente de vigilar las redes sociales: videojuegos multijugador, aplicaciones de mensajería, transmisiones en vivo y comunidades virtuales forman parte de los entornos donde puede comenzar el acercamiento.
ESET, a través de su iniciativa Digipadres, advierte que los agresores adaptan sus métodos a las plataformas que utilizan habitualmente los menores. Internet, además, elimina buena parte de las barreras físicas: una misma persona puede intentar establecer contacto con decenas o incluso cientos de menores sin salir de casa.
El grooming consiste en establecer deliberadamente una relación con un niño o adolescente, frecuentemente ocultando o falseando la identidad o la edad, con el objetivo de ganar su confianza antes de explotarlo o abusar de él. El proceso no suele comenzar con amenazas ni conversaciones sexuales explícitas, precisamente porque primero se busca construir una relación que parezca legítima.
Aquí la tecnología agrega un elemento adicional. Herramientas como la inteligencia artificial pueden facilitar la creación de identidades falsas mucho más convincentes y ayudar a adaptar perfiles, lenguaje e intereses a los de una potencial víctima. Sin embargo, ESET señala que el componente esencial del grooming sigue siendo psicológico: explotar necesidades normales de amistad, atención, comprensión y pertenencia.
El patrón puede empezar con un interés aparentemente genuino por los juegos, pasatiempos o problemas del menor. Después viene la generación de confianza mediante atención y apoyo emocional, seguida muchas veces por un intento de trasladar la conversación desde espacios públicos hacia mensajes privados. Otra señal particularmente importante es la petición de mantener la relación en secreto frente a padres, educadores o amigos.
Una vez establecido ese vínculo pueden aparecer conversaciones cada vez más personales o sexuales y, si el menor intenta alejarse, presión emocional, culpa, coerción o amenazas. Precisamente por ese desarrollo gradual resulta complicado identificar el problema cuando se observa únicamente una conversación aislada.
La respuesta tampoco puede reducirse a prohibir plataformas o asumir que cualquier amistad nacida en Internet representa un peligro. ESET recomienda combinar controles y reglas de uso con algo bastante más importante: comunicación abierta, educación sobre privacidad y acompañamiento de los adultos en los espacios digitales que frecuentan niños y adolescentes.
Las plataformas seguirán cambiando y las herramientas de inteligencia artificial seguramente harán más sofisticadas algunas formas de engaño. Por eso resulta más útil enseñar a reconocer comportamientos sospechosos, proteger información personal, cuestionar solicitudes de secretismo y, sobre todo, tener claro que ante una situación incómoda se puede pedir ayuda. La tecnología modifica el escenario, pero entender cómo funciona la manipulación sigue siendo una de las mejores herramientas para enfrentarla.






