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Face Leak

Lo que subes a Internet deja de estar bajo tu control

De tanto que se ha repetido, para nadie ha de ser secreto que todo lo que subimos a Internet puede quedarse para siempre dando vueltas en ese vacío, aun si borramos el contenido o eliminamos por completo nuestra presencia online.

Más allá de esa permanencia, hay otros peligros relacionados con el contenido que subimos a la red, empezando por el hecho de que puede caer en las manos equivocadas junto con datos sensibles que ya andan rodando libremente por ahí, en parte porque nosotros mismos los soltamos alegremente sin averiguar las consecuencias y también por la falta de ética y vergüenza de compañías llamadas a resguardar esos datos.

Si no tienes idea de a qué nos referimos, basta con hacer memoria y recordar los innumerables hackeos que prácticamente a diario afectan a compañías de todo calibre, desde Google y Microsoft hasta MGM y Spotify. Muchos de estos ataques resultan en filtraciones de datos que acaparan titulares y propician las mismas advertencias y recomendaciones de siempre para esos casos.

Desafortunadamente, no aprendemos de la experiencia, y esto aplica tanto a compañías como a usuarios cotidianos de Internet y servicios digitales en general. Se nos señala la importancia de no reutilizar contraseñas, hacer caso omiso a links que se nos presentan al azar y activar la verificación en dos pasos. La mayoría lee o escucha las recomendaciones, pero raras veces las pone en práctica. Con las compañías pasa algo parecido, y ahí el asunto se pone mucho más peligroso.

A ver, ¿qué tan difícil es para una compañía contar con un mínimo de protección en sus bases de datos? La evidencia indica que, si bien no debería ser difícil, la carencia de tales protecciones es bastante común, y eso nos lleva a un caso reciente de filtración de datos que debería, como mínimo, ponernos a reflexionar.

Clarity Check es uno de esos servicios de búsqueda en reversa que la gente utiliza para identificar personas y otros elementos con tan solo subir una imagen al portal. Como ocurre con muchos servicios en Internet, esas imágenes pueden quedar almacenadas, algo que en la mayoría de las ocasiones está debidamente estipulado por quien ofrece el servicio. Lo que no necesariamente se cumple es el tiempo durante el cual deberían permanecer almacenadas, pues no hay garantía o certeza alguna de que se proceda a su efectiva eliminación.

El resultado en el caso particular de Clarity Check son más de 9 millones de caras expuestas. Un conjunto de datos de alrededor de 450 GB fue encontrado sin protección alguna —contraseña o cifrado brillaban por su ausencia— por el investigador de seguridad Jeremiah Fowler. Dentro de esos 9 millones de imágenes había caras de niños y adolescentes, lo que representa un riesgo quizás mayor al anticipado. Por si no fuera suficiente, varias imágenes tenían marcas de tiempo que sobrepasaban los 14 días que supuestamente dura su almacenamiento en Clarity Check.

¿Qué riesgos se desprenden de aquí? De entrada, esas caras expuestas pueden servir de alimento para entrenar sistemas de inteligencia artificial y mejorar capacidades de reconocimiento facial, rastreo y vigilancia. Asimismo, no podemos dejar de lado la posibilidad de usurpación de identidad, creación de perfiles falsos y otros usos maliciosos que parten de algo tan sencillo como una cara que alguna vez alguien decidió subir a Internet.

Al final, quizás convenga recordar algo que llevamos años escuchando, pero seguimos ignorando: una vez subimos algo a Internet, perdemos buena parte del control sobre lo que pueda pasar con ello. Podemos borrar una foto, cerrar una cuenta o confiar en que una compañía cumplirá su promesa de eliminar nuestros datos, pero nada de eso garantiza que realmente desaparezcan. Casos como el de Clarity Check demuestran que una simple imagen puede terminar almacenada durante más tiempo del previsto, expuesta por un descuido y disponible para usos que jamás imaginamos cuando decidimos subirla.

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AUTORA

ROCIO DIAZ

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