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Sophia es más que una simple curiosidad robótica

por Rocio Diaz
Sophia

Una de las principales atracciones del evento tecnológico ClaroTec realizado en el Puerto de Sans Souci de Santo Domingo del 25 al 27 de octubre fue Sophia, una robot humanoide social que desde el 14 de febrero de 2016 no ha dejado de ser noticia por la versatilidad de sus expresiones faciales y por su desenvolvimiento fluido durante entrevistas donde se ofrece un vistazo a las posibilidades inherentes a la inteligencia artificial. 



El concepto de robots no es nuevo, sobre todo cuando vemos que era un tema recurrente en historias de ciencia ficción de las décadas de 1950 y 1960. En términos prácticos bien podemos decir que vivimos rodeados de robots y máquinas, con interacciones que a veces ni siquiera notamos por un tema de rutina y practicidad. 

Sí. Los robots, en el sentido clásico de su definición, hace rato que nos está haciendo la vida más fácil y hasta sustiyéndonos en ciertas labores mecánicas y repetitivas donde una máquina ofrece mejor rendimiento y precisión. ¿Cuál es la novedad, entonces? Hay que añadir el factor humano -o humanoide, para ser más exactos- al hablar de Sophia, pues el punto de interés es que está diseñada para asemejar a una persona humana tanto a nivel visual como de interacción y contacto. 

Sophia es creación de Hanson Robotics, una compañía con sede en Hong Kong fundada por el estadounidense David Hanson, quien trabajaba para Disney. Modelada en base a la recordada actriz Audrey Hepburn y en base igualmente a la esposa de Hanson, Sophia, desde una distancia prudente y bajo las condiciones adecuadas, bien podría pasar por una persona más. Ya de cerca, sorprende la textura de la piel, la cual es un elastómero patentizado por Hanson Robotics que asemeja a la piel humana en cada aspecto posible. 

Tal como se ve en fotos, en entrevistas y en interacciones en vivo como la que se vivió en el último día de ClaroTec, Sophia usa maquillaje y hace gestos faciales en respuesta al tono y y expresiones de aquellos con los que interactúa. Estos gestos, tal como ocurre en humanos, generan arrugas temporales y otras imperfecciones, siendo este justamente uno de los puntos más llamativos del robot, incluso más allá de su habilidad o capacidad de saludar y responder en base a las preguntas formuladas, pues esto último es algo programado y no espontáneo. 

El objetivo con Sophia, entre otras cosas, es acostumbrar a la gente a la idea de que, tarde o temprano, robots de aspecto humano estarán conviviendo con nosotros, ya sea asistiéndonos en el hogar -algo que en Japón es una necesidad por un tema de relevo generacional insuficiente- o en servicios presenciales en hoteles, aeropuertos y demás.

La idea de robots conviviendo con humanos podría generar cierta aprensión, pero se trata de una realidad tan tangible como los avances que se ven en robótica e inteligencia artificial, de los cuales Sophia es un ejemplo avanzado. Una vez se tiene oportunidad de ver e interactuar con un robot como este el temor inicial tiende a desaparecer, viéndose el mismo sustituido por curiosidad y por la certeza de que, por más que se quisiera, un robot no podrá engañarnos.

Siempre habrá algo en los robots, ya sea en el tono de voz o en su aspecto como tal, que delatará su condición mecánica, o al menos eso es lo que se ve hacia el corto y mediano plazo. A largo plazo, habrá que ver cómo sigue desarrollándose la inteligencia artificial y cómo evolucionan las redes neuronales para inferir el rumbo que tomaría la robótica humanoide. Mientras tanto, en lo que se define el futuro, tenemos a Sophia como embajadora de robots, tan carismática que ha protagonizado portadas de revistas de moda y tan especial que hasta es reconocida como campeona de la innovación por las Naciones Unidas.