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The Social Dilemma: un breve análisis de una realidad irrefutable

por Rocio Diaz
Social Dilemma

¿Son adictivas las redes sociales? ¿Estamos siendo manipulados por estas plataformas? ¿Dedicamos demasiado tiempo a estos recursos?



De las redes sociales es mucho lo que se ha escrito a lo largo de los años, con evidencia creciente de que, ciertamente, han modificado el comportamiento de sus usuarios al punto de afectar las relaciones interpersonales y de incidir en productividad laboral. Es también un hecho documentado y comprombado que estas plataformas están intrínsecamente asociadas al fenómeno de fake newas y la desinformación que inunda la Internet.

¿Son realmente culpables las redes, o, por el contrario, somos los usuarios el problema? La respuesta a esta pregunta dependerá de a quien se le pregunte, pero, de entrada, es común echar la culpa al producto por un tema de diseño y modelos de negocios desarrollados a partir de esos elementos. 

El tema de las redes sociales y sus efectos siempre ha estado sobre el tapete, pero en las últimas semanas ha vuelto a ponerse de moda a raíz de un documental – altamente recomendado- en Netflix que invita a tener una conversación al respecto.

El documental en cuestión, llamado The Social Dilemma (“El Dilema Social”) ofrece testimonos de gente que ha trabajado directamente en su desarrollo, ofreciendo así una mirada más directa a una realidad que por años se viene observando y discutiendo: las redes sociales son adictivas y pueden llegar a ser peligrosas

Llevamos alrededor de 10 años lidiando con el fenómeno de redes sociales, y, ciertamente, para alguna gente estas plataformas resultan irresistiblemente atractivas, con el efecto de que, en cierto modo, se hacen adictos a su uso. La explicación a este fenómeno es sencilla: para quienes hacen un uso personal de estas redes, hay una satisfacción implícita cada vez que se recibe un like, un retweet o un comentario.

Las interacciones son moneda corriente en estas plataformas, pero donde la cosa toma un giro interesante es en la forma en que cada cual reacciona, pues lo cierto es que hay gente que ve esto y sigue su camino, pero otros se quedan esperando por más, creándose una situación de codependencia. 

Fuera del entorno personal, la otra cara de estas redes es el uso institucional que se les da para informar al público y tener cercanía con el. Hay marcas, gobiernos e instituciones que hacen un magnífico trabajo en ese sentido. Otros son mediocres y rayan en lo absurdo. No hay un manual definitivo de cómo sacar provecho a estos recursos, pero hay un sentido común que a veces parece irse por la borda en el entendido de que las redes son un juego. Craso error. 

A lo largo de los años, en la medida en que se hacía evidente el valor de tener una presencia en redes sociales, muchas cosas se fueron distorsionando, y es así cómo llegamos a The Social Dilemma y lo allí denunciado. Se puede resumir este documental en varios puntos: 

  1. Las redes sociales son adictivas.
  2. Las redes sociales nos manipulan.
  3. Las redes sociales fomentan desinformación.
  4. Las redes sociales son un negocio donde la data del usuario es oro.
  5. Los anuncios son el verdadero modelo de negocio.

Cualquiera que use las redes sociales con frecuencia, o que esté en contacto con ellas, puede dar testimonio de esos puntos. La gente hace años no despega la cara de sus teléfonos y hay una cantidad impresionante de bulos que se han convertido en realidad colectiva por esa vía. Hay asimismo un bombardeo constante de anuncios cada vez más personalizados y de “noticias” que, sospechosamente, van siempre en nuestra línea de pensamiento. ¿Coincidencia, o algo cuidadosamente diseñado?

Pese a la evidencia empírica, nada menos que Facebook se ha sentido en la obligación de defenderse y desmentir lo planteado por The Social Dilemma en un documento donde refuta los puntos con acciones y medidas tomadas por esa compañía. 

Antes de concluir este análisis, es bueno recordar que esas medidas tomadas por Facebook en cuestiones de privacidad, manejo de data y desinformación han sido por presión de autoridades y motivadas por escándalos como Cambridge Analytica.

Para cerrar el tema, sí. Los algoritmos pueden llegar a ser peligrosos, y, a modo de evidencia, nada más hay que ver que nos rodea en la internet y en redes sociales contenido sin valor pero que se viraliza fácil.

Ustedes, ¿están de acuerdo con Facebook o con lo planteado en The Social Dilemma? Desde aquí, planteamos que lo ideal es que haya un balance en todo, y eso aplica a las redes sociales y su uso.

Concluimos con una reflexión: al final del día, no es el producto el malo, sino el uso que le damos. Habiendo dicho esto, es una realidad que están diseñadas estas plataformas para motivarnos a compartir más información de la cuenta, sin realmente tomar en cuenta las consecuencias que de ello derivan. Seamos, pues, más inteligentes en ese sentido.