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Una inyección para combatir la obesidad

por Rocio Diaz

Dietas, pastillas, cremas, fajas, cirugía bariátrica y hasta hipnosis. Hay en el mercado toda clase de productos, aparatos y métodos que prometen ayudar a bajar de peso, reducir medidas, afinar la figura, tonificar el cuerpo, y, sobre todo, eliminar grasa, el principal enemigo de la gente en términos de obesidad y sus consecuencias.

A pesar de haber tantas soluciones disponibles, el sobrepreso y la obesidad lo que han hecho es aumentar a nivel global, a tal punto que ahora el problema existe en países donde tradicionalmente los niveles de gordura eran bajos, como es el caso de Japón. A nivel local, en mayo de este año el reconocido endocrinólogo Félix Manuel Escaño informó en el marco del XVI Congreso Dominicano de Endocrinología que el sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la hipertensión están presentes en más del 50% de la población dominicana, un dato que a su juicio es preocupante.

De tanto que se ha hablado del tema todos sabemos cuales son las causas del sobrepeso y la obesidad: vida sedentaria y malos hábitos alimenticios que se traducen en un balance negativo de calorías quemadas vs. calorías consumidas. Asimismo, conocemos las consecuencias, que van más allá de lo visual e incluyen presión alta, predisposición a la diabetes, dolores articulares y problemas cardiovasculares, entre otras cosas.

Tal es la incidencia de la obesidad en la vida moderna, y tal ha sido el fracaso de medicamentos como Fen-Phen y Orlistat, que ahora todas las esperanzas se han centrado en una inyección que promete atacar la obesidad con un enfoque diferente. Denominada Adipotide, la inyección ha sido consecuencia de un estudio de la Universidad de Texas y Anderson Center que buscaba la forma de cortar el suministro de sangre a células asociadas al cáncer de próstata. Durante el mismo, los científicos notaron que los vasos sanguíneos muestran un comportamiento que depende del órgano o el tejido al que dan soporte.

En base a esta información, lograron determinar los péptidos (moléculas formadas por aminoácidos unidos por enlaces peptídicos) que intervienen en el suministro de sangre y oxígeno a las células de grasa blanca. La idea con Adipotide es matar de hambre a estas células, que al no poder sobrevivir son reabsorbidas por el organismo y metabolizadas en consecuencia. De momento se han conducido experimentos en monos Rhesus y los resultados son de lo más prometedores: al cabo de un mes de tratamiento, los monos perdieron 11 por ciento de su peso corporal, redujeron su nivel total de grasa corporal en 40 por ciento y la grasa del área abdominal se redujo en 27 por ciento. Lo mejor del caso es que no hubo efectos secundarios como náuseas o aversión a la comida. Lo único que se observó fueron cambios a nivel renal, pero, según los responsables del estudio, estos estaban directamente asociados a las dosis, eran predecibles y, sobre todo, totalmente reversibles.

A diferencia de otros fármacos que tratan de combatir la obesidad acelerando el metabolismo o suprimiendo el apetito, Adipotide trabaja directamente sobre las células adiposas, que son la parte principal del problema. Mejor aún, el tratamiento parece ser selectivo, pues la inyección no tuvo efecto alguno sobre monos que tenían un peso saludable. De momento la Universidad de Texas y Anderson Center se preparan para iniciar pruebas en humanos.