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Abusando de lo social

por Rocio Diaz

Facebook y Twitter. Es raro toparse con gente que no tenga al menos una de estas dos cuentas, casi de la misma forma que la mayoría de la gente tiene un Blackberry o un iPhone, si no es que tiene ambos aparatos.

Entre intercambio de pines, solicitudes de amistad en Facebook, chateos en tiempo real y presencia compulsiva en Twitter suelen pasar los días para los fanáticos de las redes sociales. Haciendo honor al término “social”, cada una de estas redes ciertamente ayuda a fomentar amistades y contactos entre perfectos desconocidos, a la vez que permiten retomar el contacto con viejas amistades y familiares que se encuentran lejos. Sin embargo, como suele suceder donde quiera que interviene gente, las cosas se están saliendo de control.

Facebook, al igual que Twitter, incita a sus usuarios a compartir con el resto de sus contactos lo que está haciendo o pensando en un momento determinado. Lo malo es que hay gente que se toma las cosas de una manera muy literal y en consecuencia comete errores que tarde o temprano pueden salir muy caros. Si no lo cree así, ejemplos los hay por montones. Una proferosa de escuela en Georgia, Estados Unidos, se vio forzada a renunciar luego que padres de alumnos la acusaran de incitar al alcoholismo y la profanidad a través de Facebook. ¿En qué basaron la acusación? En una foto que ella compartió por esa red social donde aparecía con una copa de vino en una mano y un vaso de cerveza en la otra.

Otro ejemplo: la asistente de Recursos Humanos de un banco en Inglaterra que fue cancelada tras haber colocado en Facebook un comentario sarcástico acerca del sueldo que gana por hora (7 libras esterlinas) y lo que le pagan por hora al nuevo CEO (4,000 libras esterlinas).

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Las historias de horror con Facebook van más allá de amonestaciones y cancelaciones por parte de empleadores. En Estados Unidos y Europa abundan los casos de pederastia, los acosos entre adultos e incluso masacres incitadas por un repentino cambio de estatus en el perfil de una persona.

Viendo estos casos, queda clarísimo que se debe tener cuidado con lo que se comparten por estas redes, pero por mucho que se hable del tema, la gente no hace caso y sigue publicando toda clase de banalidades que al final tan solo sirven de caldo de cultivo para chismes y acosos. Y así como pasa con Facebook, pasa con Twitter y hasta con el Blackberry, que al contar con una opción de “broadcast” en el chat se convierte en el vocero por excelencia de gente que se siente en la obligación de compartir sus pensamientos e interioridades con un público (sus contactos) que no necesariamente está ávido de esas cosas.

Después de todo, ¿qué importancia tiene saber que a las 3 de la mañana Fulano llegó procedente de una discoteca a la que precedieron un bar y un restaurante? Mejor aún, a nadie le interesa saber que Mengano se levantó triste esa mañana porque la esposa/novia/pareja lo botó o que tiene problemas en su casa o el trabajo. Entiendo que esas cosas se pueden comentar a un amigo cercano, pero no es necesario mandarlo a TODOS los contactos, ¿o sí?