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El engaño de las redes sociales

por Rocio Diaz
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¿Alguna vez te has preguntado cómo es que hay cuentas en redes sociales que ofrecen un contenido mediocre y aún así tienen una cantidad de seguidores en constante ascenso e interacciones frecuentes? 

Estas cuentas, sobre todo para quienes obtienen resultados modestos pese a sus esfuerzos por brindar material de calidad y atenciones de primera, representan un misterio y un desafío en el mejor de los casos. Después de todo, lo lógico sería que la calidad salga ganando, pero, tal como se verá a continuación, la gente ni es lógica en su proceder ni son las redes sociales el lugar idóneo para hablar de sentido común.

El gran misterio de los números

¿Qué hace a una cuenta visible en redes sociales? Todo depende del entorno, pero sin duda el enfoque de seriedad y calidad no es el más adecuado para lograr resultados impactantes, siendo esta la razón por la que abundan contenidos duplicados, de dudosa reputación y sensacionalistas.

Fuera de esta realidad, hay algo más que suele dar resultados casi inmediatos: pregonar cualidades inexistentes y respaldarlas con una serie de seguidores falsos e interacciones igualmente falsas que dan la impresión de que vale la pena pertenecer al clan.

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A estas métricas se les da demasiada importancia

Es así como en Twitter, Facebook y demás plataformas abundan los falsos expertos, cada uno desinformando a su antojo a un público incauto que realmente no tiene idea del engaño al que está siendo sometido.

¿Qué tan falso es el ambiente en Twitter? Basta con coger una herramienta como Fakers App o Twitter Audit para darse cuenta de que esas poderosas cuentas con cientos de miles de seguidores cuentan apenas con un puñado de usuarios reales y que aportan algún valor.

Métricas de vanidad

Empresas y agencias ponen demasiado empeño en “los números” a la hora de tomar en cuenta potenciales publicaciones online para el despliegue de sus anuncios o bien para entablar algún tipo de alianza estratégica. Así, por ejemplo, los organizadores de CES exigen un mínimo de 10,000 visitantes por mes para otorgar credenciales de prensa, y agencias publicitarias pagan en base al número de visitas mensuales. Adicional a ello, muchas veces se exige ver la presencia a nivel de redes sociales.

Como a nadie le interesa anunciarse en espacios de poca visibilidad, estos pasos se entienden, pero a la vez genera un problema de métricas de vanidad bajo la idea de que más es siempre mejor. Es así como varios servicios en Instagram ofrecen duplicar la cantidad de seguidores e interacciones en un santiamén, práctica que ha traído serios inconvenientes a usuarios en Facebook y Twitter.

Pagar por duplicar o triplicar la cantidad de seguidores, el tráfico o cualquier otra métrica siempre será una mala idea porque estos servicios lo que hacen es inundar las plataformas con cuentas y clics de poca calidad, ya sea porque son falsos o porque son bots. En ningún caso el resultado es bueno o duradero.

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En Instagram abundan las ofertas para aumentar seguidores

El verdadero valor de las redes sociales no está en tener un millón de seguidores o en tener abundantes retweets o likes. La posibilidad de entablar conversaciones, intercambiar ideas, establecer relaciones de valor y contribuir a la sociedad del conocimiento es la verdadera esencia de estas plataformas. Nada hacemos con que 300 bots nos den retweet o que esos mismos bots nos marquen con un “me gusta” que pierde todo valor cuando es comprado o forzado.

Otro engaño latente en redes sociales es la figura del influyente o influenciador, que va casi en la misma categoría de servicios que prometen resultados espectaculares y que en la práctica no son más que lo mismo.

Hay servicios que prometen aumentar las visitas al website a través de Twitter y lo que hacen es inflar la cuenta con seguidores de dudosa reputación a la vez que obligan a seguir cuentas igualmente dudosas. Con influenciadores pasa lo mismo: muchas veces el título se lo adjudican ellos mismos y un vistazo a la calidad de sus cuentas deja mucho que desear.

¿Qué hacer?

En vez de fijarnos tanto en números, hagamos un ejercicio de calidad y valor. Seamos nosotros mismos quienes decidamos quién es un experto en tal área revisando la calidad de las informaciones brindadas, la calidad de las interacciones con el público y buscando opiniones de terceros que quizás tienen más conocimientos que nosotros al respecto.

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Si los “me gusta” son falsos, no estamos en nada

Suele ocurrir que un impostor enganchado a experto no responde a críticas o cuestionamientos y tiende a copiar contenido ajeno como si fuera suyo. El engaño se cae desde que se le hace una pregunta de algún tema no ensayado. Esa es una forma de darnos cuenta.

Por su parte, empresas, agencias y aliados harían un gran favor en dejar de exigir números. Más que eso debería trabajarse en conjunto para la buena y adecuada difusión de informaciones que, aunque sean anuncios, se suponen pueden generar algún interés colectivo. Usar medios de dudosa reputación, aún cuando tengan excelentes números, no ayuda a la causa.